Sin Lionel Messi en la cancha, la duda era cómo Argentina podría mantener un nivel de juego que le permitiera construir jugadas de ataque que pudieran comprometer al fondo chileno. Con Nicolás Gaitán ocupando el lugar del crack del Barcelona y acompañando arriba a “Pipita” Higuaín, se generaba la incógnita sobre cómo abriría caminos el seleccionado del “Tata” Martino para someter a los trasandinos.

En apenas un par de minutos de juego, todos los interrogantes comenzaron a esfumarse. Un par de toques de Banega para los costados y otro filtrado para la diagonal de Di María indicaban que la idea de manejar los tiempos del partido a través del control de la pelota que pretende el entrenador, estaba marcada a fuego en los intérpretes ocasionales.

Banega se puso la pilcha de director de orquesta y a su ritmo, a veces cansino, se movió el ballet albiceleste. Higuaín tuvo una sola oportunidad para rematar, pero con sus inteligentes desplazamientos abrió claros que fueron ocupados por sus compañeros. Así llegaron los dos goles. El primero con un oportuno corte de Banegas, en tres cuartos, para luego habilitar a Di María, que convirtió contra el primer palo, curiosamente descuidado por Bravo. El segundo, en una réplica parecida, pero invirtiendo roles. El que asistió fue Di María; el que anotó, Banegas.

Argentina, en líneas generales, completó un buen partido. Tuvo un rendimiento colectivo aceptable, con actuaciones individuales bastante parejas.

La mala salida de “Chiquito” Romero en la última jugada del partido, que le permitió a Chile encontrar el gol en el último minuto, no terminó de empañar una victoria que, por lo hecho durante los 90 minutos, fue clara y merecida.