Nunca un equipo pasó del infierno al cielo en tan poco tiempo. Hace apenas dos años, San Lorenzo miraba de reojo al Nacional B; hoy es campeón de América. Porque San Lorenzo no se había salvado del descenso: había caído más bajo que si estuviese trastabillando en la primera B Nacional tras la hecatombe institucional que vivió apenas conservó su lugar en Primera, en julio de 2012, tras superar en la Promoción a Instituto, un lugar al que llegó tras la estrepitosa caída de Banfield, que terminó en descenso directo, un lugar al que el Ciclón parecía sentenciado. Incluso, en Boedo, a mitad de campeonato, le quitaron a Quilmes a Ricardo Caruso Lombardi, el salvador que terminó logrando el objetivo.
Pero eso fue sólo tapar el sol con la mano. El equipo seguía en Primera, pero el club estaba devastado. Un pasivo millonario (170 millones de pesos), éxodo de jugadores, un DT sin apoyo (Caruso Lombardi), un presidente que renunciaba en medio del caos (Carlos Abdo), un empresario e hincha reconocido que amagó con presentarse a presidente y quitó parcialmente su apoyo (Marcelo Tinelli), presiones de los violentos de la barra y un plantel que no sabía cómo encararía el próximo semestre… con unas elecciones en el medio. En setiembre del 2012 Lammens-Tinelli ganó la presidencia y así todo comenzó a cambiar. El título de fines del 2013 fue el fruto de ese cambio y anoche se llegó a lo tan esperado por los hinchas del Ciclón: la Copa Libertadores.

