Los grandes logros son obra de la pasión. De ese movilizador impulso que puede todo, a pesar de todo. Tal vez de aquellas mentiras de Don Armando Quiroga para que su mamá ni se imaginara que era boxeador puede ser que haya salido ese motor que en 1938, un 12 de mayo, junto a su hermano Oscar, Francisco Primo, Efraín Moreno y Leopoldo Ortiz decidiera fundar el Club Julio Mocoroa. Así, con nombre y apellido, en póstumo y sentido homenaje al Torito platense que había fallecido trágicamente en abril de 1961. Lo que nunca imaginaron los Quiroga, Don Primo y todos sus socios en esa aventura, que el sueño treparía a niveles insospechados y que hoy, decir boxeo es decir Club Mocoroa en San Juan.

Don Armando Quiroga tuvo mucho que ver. Apasionado del box, aquel aprendiz que entró en la sala de máquinas de la vieja Compañía de Teléfonos hasta llegar a ser jefe, incursionó como amateur y llegó a ser campeón cuyano en 1929. En esos años, la docencia por inculcar lo que tanto amaba lo fue apartando del ring y lo llevaría al gimnasio. Estaba decidido a darle forma a sus sueños y encontró eco en su hermano Oscar, que ya apuntaba para la farmacéutica. Los dos se apoyaron en Francisco Primo a quien ungieron como su primer presidente. Era 1938 y empezaba un derrotero para lograr instalar 10 años después al Club Mocoroa en su actual predio de calle Mendoza, en pleno corazón del Pueblo Viejo. La sede original estuvo en la esquina noreste de la calle Tucumán esquina República, hoy Juan Jufré, hasta que el terremoto de 1944 lo destruyó completamente. En 1948, se adquirió el terreno a la familia Babsía, una de las tradicionales de la zona. Se adquirió el predio a nombre de dos socios (Ortiz y Romero) que en 1964 recién pudo pasar a manos del club, cuando Carlos Quiroga -uno de los hijos de Don Armando- fue presidente y logró escriturar todo a nombre de la institución.

Pero antes, a pulmón, con toda la pasión que suele generar un deporte, el Mocoroa fue dejando atrás el adobe y los palos para empezar a ser un auténtico estadio de boxeo, único en San Juan y en gran parte del país. Las primeras tribunas que se construyeron fueron la de los costados Norte y luego la del Sur. Con eso, en 1961 pudo albergar uno de sus primeros grandes torneos: El Argentino de Novicios. Así, fue creciendo el mito. El Mocoroa se convirtió en el Templo del boxeo.

Pasaron los años, se fueron aquellos grandes dirigentes que hicieron mucho por el club como Don Ignacio Coria, quien en dos periodos alternados de conducción llegó a sumar 14 años al frente del Mocoroa. Las obras se multiplicaron y con los recursos que generaban nombres como los del Colorado Dante Rodríguez, quien siempre peleaba a estadio lleno, se concretó la primera gran obra; La Tribuna Oeste. Se terminó a finales de 1976 y es hoy por hoy el gran orgullo de su gente.

Pasaron nombres y peleas memorables como la del Gran Víctor Federico Echegaray con cachín Méndez. De sus filas surgieron peleadores que inflaban el pecho a cualquiera que estuviera identificado con el Mocoroa: Miguel Rodríguez, Julio y Rodolfo Catalini, Raúl Venerdini, Rolando Lahoz, Juan Reyes, Arnaldo Ríos y Oscar Garro. Todos con su historia, todos parte de aquel sueño que nació en esa piadosa mentira de un tal Armando Quiroga al que el boxeo lo tenía atrapado y que nunca imaginó que 76 años después haría historia en el deporte de San Juan y del país.