Aquella noche de presentaciones (de las nuevas reglas) entre UVT-Estudiantil todo había salido bárbaro. Casi una pinturita. Simplemente porque todos se cuidaron. Pues anoche fue la antítesis. El revés, si se quiere. Era previsible. Jugaban Unión-Olimpia, dos equipos que van más al choque. Sobre todo el de Rawson, que basa su potencial en la fuerza. En la entrega. Entonces la cosa fue prácticamente un caos…

Largó bien pero bastó que empezaran a darse las situaciones distintas y chau tranquilidad. De los jugadores, que se enfurecieron con las sanciones. De los espectadores, que insultaron los cobros hasta de las infracciones básicas (por desconocimiento en la mayoría de los casos). De los bancos de suplentes, que discutieron todo. De los árbitros, que erraron en varias faltas y no se complementaron nunca en las señas. Hasta de la mesa de control, que dos veces tuvo que terminar con un cronómetro manual porque el tablero principal se le apagó.

Y ni hablar de las nuevas reglas, que aparecieron en todo su esplendor. Dos expulsados, varias azules, penales seguidos y un montón de directos. Por suerte los goles le dieron vida al partido y la caldera que fue el Gigante de Rawson, después de tanta confusión, fue apagando su fuego sin incidentes mayores cuando cayó el telón de un empate a cara de perro entre el local Unión y Olimpia.

En el medio de todo, quedó un partido entretenido por tantas situaciones distintas. Con algunas actuaciones individuales que sobresalieron, como la de Gastón Ortiz (en Unión) y Juan Soria con Fernando Sández (en Olimpia).

Será cuestión de ir acostumbrándose. Todavía falta bastante para que todos entiendan las nuevas reglas. Pues anoche, eso no sucedió y dominaron la confusión y los gritos. Aunque los goles equilibraron.