España, 5 de abril.- El Barcelona respondió a la goleada
del Real Madrid con un sufrido triunfo en Balaídos frente al Celta
de Vigo, al que doblegó con un solitario gol del defensa francés
Jeremy Mathieu de cabeza, mediada la segunda parte, y mantiene la
ventaja de cuatro puntos sobre el equipo blanco.
El líder se encontró con un rival atrevido, que no renunció a su
fútbol ofensivo pese a pasar por un momento de dudas mediado el
primer tiempo, cuando el Barça logró encerrarlo pero casi ni le hizo
daño por su falta de profundidad.
Fue el mismo Celta que hace algo más de un mes desesperó al
Atlético con un planteamiento táctico perfecto y con la velocidad de
sus dos extremos, especialmente un incisivo Nolito, quien no tuvo
piedad de su ex equipo y desquició al brasileño Dani Alves con sus
individualidades.
Su repertorio fue ilimitado en la primera parte. De sus botas
nacieron las dos mejores oportunidades. La primera se la sacó Bravo
al argentino Joaquín Larrivey con una gran estirada; y en la segunda
el delantero buscó rematar de primeras, cuando estaba sólo y tenía
tiempo para controlar el balón, y se le fue demasiado desviado.
Entre ambas, el Barcelona, muy desdibujado, pudo estrenar el
marcador con un potente disparo de Leo Messi desde la frontal, al
que respondió bien Sergio Álvarez, y los locales pidieron un penalti
del chileno Claudio Bravo a Nolito.
Pero el segundo tiempo ya fue otra historia. Al Celta se le
terminó la gasolina. Ya no presionó en el centro del campo e Iniesta
encontró los espacios suficientes para conectar con el tridente
ofensivo.
En apenas un cuarto de hora el Barcelona creó más peligro que en
los primeros 45 minutos. Sólo la falta de acierto de Messi, tras una
buena asistencia del uruguayo Luis Suárez, y Dani Alves salvaron a
un Celta necesitado de oxígeno.
Se dio cuenta el argentino Eduardo ‘Toto‘ Berizzo de que su
equipo estaba roto, de que su rival ya era el dueño del partido, y
buscó mayor equilibrio con la entrada del mediocentro serbio Radoja.
Pero apenas tuvieron tiempo los suyos para recomponerse, ya que
poco después el Barcelona lo golpeó en una acción a balón parado:
Xavi colgó al segundo palo y el francés Mathieu cabeceó al fondo de
la red tras ganar a su marca en el salto.
A partir de ahí, el Celta, completamente desesperado con la
actuación del arbitro Vicandi Garrido, se lanzó a por el empate pero
fue Messi quien pudo sentenciar con una vaselina que se le marchó
por poco.

