El viento. El piso en mal estado. Las ausencias notorias en el Verdinegro. El gris momento en el juego del Bicho. Una hora atípica a la que los sanjuaninos no terminan de acostumbrarse. Un combo de características negativas que, por lógica, terminaron dándole forma a un partido malo. Y, en consecuencia, a un resultado totalmente previsible: 0 a 0. Al resumen del choque San Martín-Argentinos Juniors no le hace falta aclarar más, porque oscurece. Salió así porque lo jugaron así. Feo, sin muchas emociones. Plagado de imprecisiones. Con contadas individualidades para destacar (solamente los arqueros). Pero claro, a la hora de balancear el tema, casi como que a los dos el punto que embolsaron por ese partido en blanco no les vino mal. Al equipo de La Paternal, porque no perdió en un reducto difícil (los porteños ya lo consideran así al Hilario Sánchez). Al Verdinegro, porque sumó pensando en el promedio y porque sigue invicto. Eso sí, la gente que dejó el asadito de los domingos para ir a ver fútbol se quedó con las ganas. Y seguro que anoche tiene que haber prendido el fuego, sólo de bronca, para masticar sin hacerse tanta mala sangre.
En San Martín, ayer se dio un mal de ausencias. De entrada nomás le faltaron un Penco o un Maxi Núñez con presencia en el área o con intención para encarar. El local careció de peso ofensivo. No sólo porque no tuvo a esos jugadores que están lesionados sino también porque en la creación de juego las ideas no estuvieron a flor de piel. Sólo el debutante Oviedo se mostró como el más atrevido cuando encaró. Pero los dos volantes por afuera -Bogado y Carrusca- aparecieron en cuenta gotas y prácticamente no pesaron.
Cuando Galarza metió un buen cabezazo al minuto de juego y el mismo jugador volvió a repetir su intentona por arriba al minuto siguiente, todos quienes estaban en el estadio se frotaron las manos como pensando en lo que se vendría. Especialmente en las chances que generaría el Verdinegro. Pero fue un espejismo. El viento se encargó de incidir para que toda pelota que viajara por arriba termine bajando en cualquier lugar, menos donde los jugadores la esperaban. Y el mal estado del piso, otro tanto. Porque tratar de jugar por abajo, a uno o dos toques, fue una quimera. Entonces los minutos fueron pasando y el partido empezó a ser aburrido. Recién a los 21′ el arquero Ojeda le tapó un cabezazo de gol a Roberval. Y a los 28′ el otro arquero, Pocrnjic, le sacó un bombazo a Bárzola, en la primera llegada -en realidad la única- a fondo del visitante. Quedó de esa primera etapa, un centro de Bogado que Pistone mandó al córner cuando parecía gol y un tiro fuerte de Graf que salió desviado, en otras dos para el local.
Y en el complemento el nivel de juego fue peor. San Martín quiso más y Argentinos se animó más, pero ninguno de los dos logró más. Sólo los arqueros sumaron puntos para su actuación individual. Pocrnjic con una doble tapada espectacular a los 10′ y Ojeda ahogándole el gol al paraguayo Ayala (que había reemplazado a Graf) a los 35′.
Y el tiempo se fue nomás. Con el cero como bandera. En el marcador, en el juego. Por arriba y por abajo.

