Carlos Tevez devolvió tanto cariño que recibió de los hinchas sanjuaninos con una gran actuación ante Guaraní, durante los 69 minutos que estuvo en el césped del Bicentenario. La jerarquía del Apache, de 31 años, se notó en cada pase suyo, en cada pique y en la definición, de penal, para anotar el tercero del xeneize. También dijo presente la humildad del nacido en Fuerte Apache cuando apenas fue reemplazado por Andrés Chávez se topó de forma inesperada con una fanática suya como Daniela Pierantonelli, jugadora de futsal local en Independencia, que cumplió el sueño de estar junto a su ídolo y éste le regaló la camiseta número 10.

Poco le importó a esta sanjuanina que no pudiera ver el resto del juego pues la sacaron del estadio. Tevez recibió una ovación cuando dejó el campo. Atronó en el Bicentenario por enésima vez en la noche el “que de la mano de Carlos Tevez, todos la vuelta vamos a dar…”.

Fue el punto final en público de su estadía en San Juan donde tuvo grandes gestos con los hinchas. El primero con su ex compañero en las inferiores de Boca, Cristian Vargas, a quien reconoció apenas arribó al hotel en el mediodía del martes.

Luego, en la práctica a puertas abiertas por decisión suya firmó autógrafos y se sacó fotos con muchos chicos. Ayer al mediodía, le cumplió el sueño de conocerlo a Juan Vivares, un luchador de la vida que se dializa tres veces por semana y que no pudo ir anoche a la cancha justamente por tener que estar en una clínica.

Vivares llegó a Tevez, justamente por intermediación de Vargas. También le firmó el brazo izquierdo al joven, Martín Rosales, quien luego se tatuó el autógrafo en su piel.

En el campo de juego, movió los hilos de este Boca que sin él sería un equipo ‘común’. Pero con él, una estrella de nivel mundial en su apogeo de madurez, la historia es otra. Cambió el ritmo de cada ataque cuando tuvo el balón en los pies y jugó de primera casi siempre.

Con la sabiduría de los elegidos para saber qué hacer con el balón antes que le llegue. El derechazo seco para marcar de penal el tercero fue el punto más alto de su noche.

“A la gente le tengo que dar alegrías en la cancha. Lo que pasa afuera es normal para mí”, contó. Se fue desde el Bicentenario hacia el aeropuerto y dejó San Juan.

Fue su primera vez en nuestra provincia y dejó una huella difícil de empardar. Al fin y al cabo es un ídolo con todas las letras. Ojalá que vuelva pronto…