El fútbol tiene un guión aparte. Especial, singular. Diferente. Hasta caprichoso porque en la estelar previa del Superclásico que conmueve al país, el nombre del uruguayo Nicolás Lodeiro era fija para el banco de suplentes. Lo tendría que arrancar viéndolo desde afuera pero el destino le tenía preparado el mejor domingo de su vida. Un Feliz Domingo que había comenzado con el nacimiento de su primer hijo varón y que se esitró después cuando apenas al minuto de juego del River-Boca que antes no había podido jugar por el famoso y bochornoso capítulo del gas pimienta se lo privó. Cuando Gago quedó tendido, el grito de Arruabarrena fue el llamado que tanto ansiaba: Nico, apurate.

Y Nico entró. El zurdito, ese que el mismísimo Maestro Oscar Tabarez lo recomendó a la dirigencia de Boca, entró para jugar, para buscar de socio a Carlitos Tevez, su ídolo. Se animó, la pidió. Era el momento. Era el instante que quería vivir y cuando Barovero le tapó el enganche al Apache, ese rebote quedó servido a su zurda para que le entrara con el alma. "Sin duda que este gol es de los más importantes que me tocaron hacer. Le pegué con rabia, con toda mi alma, y por suerte entró. La verdad es que me tocó jugar un clásico en Uruguay (para Nacional, ante Peñarol por el Apertura 2009) y marcar un gol también (el segundo de la goleada 3-0), pero este gol es especial por todo lo que significa un Boca-River, por la trascendencia mundial que tiene. Es algo que no me voy a olvidar más y seguro que será una de las cosas más importantes de mi vida".

Lodeiro suele decir que todo lo que es se debe a todo lo que le enseñó su papá Alfonso, que falleció hace algunos años. Suele emocionarse cuando lo recuerda. Isabel, su mamá, es quien lo mima cuando va a su pueblo. Nada parece casual en su vida, porque su origen humilde le dio una cantidad de códigos que comparte con Tevez, uno de los que más alientan al uruguayo, que no se olvida del club Barrio Obrero, donde pateó su primera pelota.