Los argentinos deseamos, esperamos, anhelamos que este que comienza mañana, sea el "Mundial de Messi". El rosarino que el año pasado condujo al Barcelona a dominar, primero España, después Europa y el Mundo, llegó a la cita ecuménica en Sudáfrica ostentando el trono, pero él y todo el orbe futbolero saben que para entronizarse deberá comandar a la "albiceleste" hasta el título.

La mayoría de los jugadores rivales, de los técnicos y de los representantes de la prensa no dudan en afirmar que el joven que ganó dos títulos mundiales juveniles y el oro olímpico en Beijing con selecciones menores, la última sub-23, es el mejor. En la Argentina, su país natal, aún hay voces que dudan de su talento, olvidando que el Barcelona, club donde juega, es una selección mundial y que puesta cara a cara con cualquier equipo nacional lo supera en jerarquía individual.

Ahora bien, el trono que ocupa Messi es codiciado por muchos jugadores, que al igual que el argentino deberán cargarse a sus selecciones al hombro y depositarlas en la estación llamada Gloria.

El portugués Cristiano Ronaldo, el brasileño Kaká y el español Cesc Fabregas, son los que aparecen en un escalón inferior. Un poco más atrás, pero con similares pretensiones se puede citar al inglés Steven Gerrard, al francés Frank Ribery, al holandés Wesley Sneijder, el ghanés Asamoah Gyan y el italiano Daniele De Rossi, entre otros.

En la franja de las posibles revelaciones, por su edad se enrolan el chileno Alexis Sánchez, el uruguayo Luis Suárez y el mexicano Carlos Vela, representando al fútbol latinoamericano. Entre los europeos cuesta más encontrar un jugador que rompa el molde. Un poco porque sus selecciones están conformadas por jugadores ya consolidados y otro porque Fabregas, por trayectoria y edad eclipsa al resto.

Ahora bien, ¿qué es hacer un buen Mundial? Para los argentinos y Messi, por idiosincrasia e historia vale aquella frase de "cumplidos, sólo campeones".

Que haya sido elegido Zinedine Zidane, integrante del equipo subcampeón, Francia, como la figura del último Mundial, en Alemania, aún después de haber sido expulsado en el partido final ante Italia, es resultado de la medianía que tuvo el equipo campeón donde se destacó la figura de un defensor, Fabio Cannavaro, que luego fue engullido, sin pena ni gloria, por ese monstruo que es el Real Madrid.

Messi, por presente y edad, está frente a la gran oportunidad de convertirse en un ícono como los fueron para Brasil y Argentina, Pelé y Diego Maradona, respectivamente. Da toda la sensación, por lo que dicen quienes están cerca del equipo que Lionel está enchufado, compenetrado en que todos los ojos del mundo estarán sobre él, circunstancia que lo motiva para el asalto final.

Quien ha competido mano a mano con el rosarino por el escalón más alto del pedestal de los dioses paganos que beatifica la pelota, es el portugués Cristiano Ronaldo. La selección lusa entró a Sudáfrica por la ventana y la lesión de Nani, le resta una gran cuota de fútbol que podría haber aprovechado el hombre del Real Madrid.

Cesc Fabregas, decidido a volver del Arsenal inglés al Barcelona, tiene en sus compatriotas Xavi e Iniesta a dos laderos de lujo para pelear el liderato. Sneijder y Gerrard se anotan en la lista de aspirantes, con menos respaldo de sus respectivos equipos.

Lo del resto de los nombrados, todos con condiciones destacadas, deberá ser muy relevante desde lo individual e influyente en lo colectivo para hacerle sombra a los máximos favoritos. Pero el Mundial es de fútbol, y en el fútbol la lógica a veces se toma vacaciones en momentos inoportunos.