Faltaban 10 minutos para las 20, cuando el avión que traía a las campeonas del mundo aterrizó en el aeropuerto Domingo Faustino Sarmiento. No venían todas las heroínas (7 se quedaron en Europa -ver aparte-) que obtuvieron el cuarto título para el hockey sobre patines en la rama femenina. Sólo tres llegaron, pero más de 200 personas que con carteles, papelitos, banderas y al ritmo de "Argentina, Argentina" esperaron hasta que Daiana Silva, Alejandra Lucero, Ana Gómez, Jorge Otiñano (entrenador) y todo el cuerpo técnico aparecieron en el hall para establecer el primer contacto con las campeonas.
Las tres chicas tomaron la copa y salieron al encuentro con los suyos. La emoción se adueño de todo. Las lágrimas fueron moneda corriente. Daiana Silva se fundió en un abrazo con su mamá Claudia, Ale Lucero encontró el cariño en su madre Lucía y Anita Gómez en sus padres José y Carmen. Luego el resto de la familia, la abuela Ana (de Anita), el novio de Daiana (Toty) y su papá Sergio. "El mejor recibimiento es el de la familia para este sueño que se hizo realidad", dijo luego Anita, quien con éste ya tiene tres Mundiales jugados, pero éste es su primer título.
Pero faltaba el armador y gestor de este grupo, que estuvo integrado en su totalidad por sanjuaninas (al igual que el cuerpo técnico). El "Negro" Otiñano no estaba solo, cerca de 50 niños de la categoría Promo de Concepción esperan a su entrenador y se lo hicieron notar. "¡Queremos ver al Negro!" gritaban los chicos. Fue uno de los últimos en salir y el más ovacionado. "Gracias, gracias", era lo único que salía de su boca.
Todos querían abrazarse con todos, ya no importaba el lazo, sino darles su apoyo por ser las campeonas del mundo, ya en su tierra, en la que se formaron y gestaron para este gran presente.
Y luego de tanto llanto, sobre las 20.30, partió la caravana desde el aeropuerto para hacer su primer escala en Rawson y 9 de Julio. Allí todos los campeones se subieron a una camioneta, se sumó más gente para acompañarlos y el destino fue la Plaza 25 de Mayo, el punto neurálgico para cualquier festejo. Fueron cuatro vueltas a puro salto, grito, el aplauso de la gente, y una caravana con autos que daba la vuelta a la plaza.
La felicidad era plena y tuvo sello sanjuanino. Familiares, amigos, jugadores, dirigentes del hockey y hasta algún curioso se sumaron al recibimiento de las dueñas del mundo en el hockey. Las campeonas lograron que el mundo se rindiera a sus pies, ayer les tocó a los sanjuaninos, porque las campeonas ya están en casa.
