Después del frustrante empate 2-2 sobre el final ante Paraguay, el seleccionado argentino y su entrenador, Gerardo Martino, necesitan equilibrar el equipo para no volver a sufrir sofocones y conseguir un triunfo frente a Uruguay que le devuelva la confianza en la Copa América. El problema argentino en el debut se planteó a medida que Paraguay se le fue animando y atacando. Allí, quedó evidenciada la falla del equipo a la hora de retroceder y el desorden de los defensores para ocupar lugares vacíos. El apostar por el “ataque por ataque” es arriesgado, ya que si el equipo no tiene precisión a la hora de definir y no consigue vulnerar el arco rival, seguramente tendrá inconvenientes en su portería.

Argentina demostró buena circulación de pelota, fructíferas asociaciones, aunque le faltó justeza en el último pase, lo que le impidió aumentar la distancia en el marcador contra los paraguayos. Mañana, el seleccionado tendrá una exigente prueba frente a Uruguay, un equipo que, a pesar de no presentar el nivel de años anteriores, siempre es difícil por la dureza y ambición de sus jugadores. Nuevamente en el horizonte aparece la “Celeste”, su verdugo de hace cuatro años que lo eliminó por penales en cuartos de final, y que luego se consagró en el estadio Monumental contra Paraguay.

Martino adelantó en conferencia de prensa que la forma de Argentina “no debe variar” en la competencia, aunque sí tendrá que conseguirla con un poco más de equilibrio para no quedarse nuevamente a mitad de camino, en búsqueda de la gloria que hace 22 años la tiene ausente. Argentina está obligada al cambio dentro de una tremenda autocrítica que no se vio tras el empate en La Serena. Una necesidad que es clave y con un recuerdo bien fresco en el ciclo anterior que encabezó Alejandro Sabella. Pachorra se dio cuenta que en “el golpe por golpe”, entiendase ataque por ataque, no tenía la solución al equilibrio del equipo. Así, llegó a la final del Mundial y estuvo cerca de la gloria.