No es bueno hacer leña del árbol caído, pero en la dolorosa instancia de una eliminación hay que marcar todo como corresponde. Argentina, este Argentina, nunca ofreció garantías. En Santa Fe empezó de mayor a menor y terminó eliminado por la lotería de los penales, pagando un alto precio a sus dudas, a esa irregularidad que condena cualquier proceso. Argentina, este Argentina, nunca ofreció garantías. Nunca fue sólido, nunca convenció. En toda la Copa América fue víctima de las dudas, de los planteos confusos de un técnico al que parecieron armarle el equipo. Le tocó quedarse afuera contra Uruguay en el que pudo haber entregado su mejor versión en los primeros 45 minutos. Después, fue más de lo mismo. Dudas, limitaciones, demasiadas ansiedades como para estar convencido.
Una cara de ilusión
Argentina mostró lo mejor de toda la Copa en esos primeros 45 minutos en los que fue capaz de remontar un arranque adverso y tempranero, jugando. Liderado por un Messi inspirado, con circulación, precisión y profundidad, no sólo llegó al empate, sino que fue capaz de dominar a un rival como Uruguay al que le faltaron argumentos para detener el juego asociado de la selección. Argentina pagó cara su falta de definición en su mejor momento del partido.
Una dosis de realidad
Con un jugador más a lo largo de todo el segundo tiempo, Argentina se empezó a entregar a sus limitaciones. Desapareció la precisión, entró en la desesperación y fue perdiendo potencia. Eso si, Muslera fue cómplice para el infortunio argentino sacando pelotas de gol. Pero Argentina se complicó solito. Ya Gago no fue el mismo, no hubo la misma circulación de pelota y todo pasó a depender de la iluminación de un Messi casi impotente. Argentina ya no fue tan lúcido y lo pagó con la impotencia. Llegó pese a sus limitaciones pero no supo resolverlo.
El mazazo al corazón
No fue culpa de Muslera, fue culpa de Argentina. Esa es la síntesis de la eliminación argentina. Aunque duela, aunque lastime. Porque con un jugador más, el equipo de Batista no fue capaz de resolver su momento en el partido y ya en el suplementario se desdibujó. Se quedó sin sus dos volantes centrales, perdió la posesión de la pelota y se encaminó a una lotería como lo son los penales en los que pesa demasiado el momento sicológico de los dos equipos. Y, en esa, Uruguay lo goleó antes de ganarlo. Porque a diferencia de Argentina, el equipo charrúa nunca dudó que podía ser semifinalista.
