Lo ganó fácil. Haciéndose dueño completo de la pelota y liquidando a su rival en el primer tiempo. La Selección argentina de fútbol hizo de su partido ante Bolivia un simple trámite. Ni se despeinó para ganar y eso que sus principales figuras estuvieron en el banco de suplentes. Goleó por 3-0 y se clasificó, con el puntaje ideal, en el primer puesto del Grupo D de la Copa América Centenario, que se juega en los Estados Unidos.

La próxima estación para el equipo del Tata Martino es el sábado, por cuartos de final, ante Venezuela. Esa será ya otra historia porque, de ahí en más, cada partido será eliminatorio.

La Albiceleste tardó menos de lo pensado para destrabar el choque y dejar en claro que las diferencias de potencialidades con Bolivia eran un abismo entre una y otra. Luego de algunas llegadas tibias, el equipo de Martino se puso en ventaja tras un tiro libre. Fue a los 13 minutos. Con Lamela como ejecutor. Su tiro dio en la espalda de uno de los rivales de la barrera y desubicó al arquero Lempe, que se quedó parado y sorprendido por el desvío y nada pudo hacer.

Casi ni se habían acabado las risas tras los festejos y Argentina llegó al segundo, dos minutos después. Lavezzi, quien ya había tomado confianza para meter sus características diagonales, abrió para la derecha, llegó el centro desde allí e Higuain cabeceó al arco. Contuvo a medias el arquero rival y Lavezzi la mandó al fondo con un tiro fuerte y alto. Ya por ese entonces se podía decir partido definido.

Bolivia no atinó a reaccionar. Siguió con su esquema defensivo tratando que los argentinos no progresen en el juego. Y la Albiceleste movió la pelota, teniendo a Kranevitter y Banega como los estrategas en la mitad de la cancha. Los dos se ocuparon de meter pelotazos cortos y frontales como también largos cambiando de frente.

No se dieron jugadas de peligro completo pero a los 32’, Lavezzi tiró al arco y el debutante Cuesta corrigió el disparo y logró vencer otra vez al arquero boliviano. El 3-0 era demasiado expresivo de lo que pasaba en la cancha. Romero había sido un simple espectador. En el arco de enfrente la pelota ya había entrado tres veces.

Para el complemento Martino tenía pensado, y lo realizó, lo que todo el mundo quería: Messi entró a jugar. Lo hizo en lugar de Higuain. Además Biglia reemplazó a Banega, por lo que la columna vertebral argentina siguió intacta.

Messi se paró para distribuir y Biglia ayudando en la recuperación, pero también metiéndose en el trabajo ofensivo. Tanto que a los 10’ un disparo suyo de lejos casi se convierte en el cuarto gol.

Cinco minutos después fue el turno para Messi. Le dio fuerte de zurda en un tiro libre y la pelota pasó raspando uno de los ángulos. No había equivalencias en el partido. Era todo de la Argentina. Ganaba cómodo, tenía la pelota y hacía lo que quería con ella. Los bolivianos ni siquiera pasaban la mitad de la cancha. Metieron dos líneas de cuatro, Bejarano sobre Messi y Campos algo más adelantado.

El tiempo pasó sin cambios de importancia. Sólo el enojo de Campos con Messi. Nada más.