Pasó Martino, las finales perdidas, los cambios en AFA, la frustración de los Juegos Olímpicos Río de Janeiro 2016 y en la Selección Argentina de fútbol parece que hubieron cambios… pero no tantos.
Porque Bauza, lejos del perfil ultraconservador con el que lo tildan, fue protagonista. Tal vez en otra velocidad, en otra intensidad pero con la absoluta convicción de que la pelota es prioridad y cuidarla es la mejor manera de defenderse y de atacar a la vez.
Con un punta, tres por detrás, dos volantes centrales y la línea de cuatro, el equipo argentino mostró otro modelo pero la misma vocación y filosofia.
Falta trabajo para esta idea pero van apareciendo esas cosas que sostienen estructuras como la evolución de Funes Mori en el fondo, la vigencia de Mascherano en el medio, la magia de Messi arriba y la prolijidad de un equipo que arriesga pero sin desprotegerse.
Fue buena prueba jugar todo un tiempo (el complemento) con uno menos ante un grande como Uruguay, porque más allá del resultado, eso hace crecer a un equipo.
La Selección Argentina cambió y no cambió, pero encontró algo de paz y serenidad en el estilo de su entrenador y en su propio juego.
