San Juan, 7 de diciembre.- Si bien todos los jugadores de este plantel de San Martín pasaron por momentos buenos y malos a lo largo de este torneo, hay que destacar la participación de cuatro de ellos, quienes terminaron formando la columna vertebral del equipo que ascendió a Primera División.

Luis Ardente tuvo un gran torneo. Jugó todos los partidos y salió lesionado con Instituto en Concepción (triunfo por 2-0), donde fue reemplazado por Leonardo Corti. El arquero disputó 20 partidos y sólo le convirtieron 12 goles. Sin embargo fue fundamental en varios partidos con sus atajadas, que terminaron salvando al equipo en momentos difíciles.

Renzo Vera fue titular siempre, excepto cuando estuvo suspendido. Jugó 19 partidos en la zaga verdinegra y llegó a convertir dos goles, ante Douglas Haig en el debut y de penal frente a Gimnasia de Jujuy, ambos en Concepción. En la mayoría de los partidos formó una pared junto a Francisco Mattia, pero también fue víctima del bajón futbolístico que afectó al equipo.

En el mediocampo, el dueño fue Maximiliano Bustos. El Mencho disputó 19 encuentros y, con su experiencia, se hizo amo y señor del equilibrio verdinegro desde el primer partido. Formó dupla con Marcos Gelabert, Nicolás Pelaitay y Ramiro López, encontrando en este último su mejor socio. Bustos tuvo un gran torneo, exceptuando el mal momento que afectó a todos.

Por último, Marcos Figueroa llegó para ser goleador y no defraudó, a pesar de haber marcado sólo tres goles hasta el último partido (ante Aldosivi, Colón y Argentinos Juniors), fue vital en el ataque verdinegro. Formó una gran dupla con Carlos Bueno en la primera ronda y juntos llegaron a marcar 7 tantos. Luego, al igual que sus compañeros, fue víctima del bajón, pero logró revertir esa imagen en el partido más importante del certamen: esta tarde ante Ferro, marcando el segundo gol y teniendo una actuación por demás destacada.