La defensora del título de Wimbledon, la estadounidense Serena Williams, despertó a los quince minutos de comenzar la final para arrollar con su saque a la rusa Vera Zvonareva, por 6-3 y 6-2, y dejar a su rival decepcionada por su derrota, tras verse incapaz de jugar como quería en su primera final a un Grand Slam.

Sus inconfundibles gritos empezaron a acompañar el saque en el quinto juego y así se supo que la número uno había decidido dar rienda suelta a su poderío. Por supuesto, se llevó el punto de ese juego.

En el siguiente surgió la primera opción de quiebre para Serena y la compasión del público por una rusa recién estrenada en la "Catedral" de Wimbledon motivó expresiones de apoyo dirigidas a Zvonareva.

Las ganas de una jugadora que, a sus 25 años, se encontraba por primera vez a sólo un paso del título de un Grand Slam, dificultaron a Serena Williams la tarea para efectuar su primer quiebre y retrasaron ese punto hasta el octavo juego. Allí la norteamericana, que produjo 89 "aces" en todo el torneo, se vio con dos puntos abajo pero no pudo beneficiarse de esa ventaja hasta el segundo, cuando su rival y toda la tribuna eran ya conscientes de lo que estaba por llegar.

Aunque en el noveno y último juego del primer set, con el servicio para Williams, la moscovita encontró su primera ocasión de quiebre, Serena puso sobre la mesa su experiencia en su curtida carrera para salvar ése y todos los puntos importantes del partido.

Los únicos desaciertos que se le vieron a la defensora del título fueron varias pelotas cortas que dejó sin superar la red, sencillas para la complejidad que se le exige a una campeona y que permitieron sumar algunos puntos a la rusa.

En el segundo set del partido las cosas fueron más rápidas, pues ya el sexto juego resolvió el marcador. La superioridad de Williams se vio claro desde que en el arranque de ese parcial, en el primer juego, rompió el servicio de Zvonareva. Lo volvió a hacer en el quinto, sin dejar a su contrincante beneficiarse de ninguna opción real para remontar el encuentro.

Sin embargo, la rusa, estudiante de diplomacia, no se dejó vencer en ningún momento y sacó su garra siempre que tenía algo de lo que lamentarse o de lo que alegrarse, golpeando el suelo con su raqueta, como hace habitualmente.

En ese quinto juego Zvonareva salvó dos puntos de quiebre que podrían haber adelantado la victoria de Williams. Aunque el nombre de la campeona se vislumbraba ya desde lo lejos, esto permitió a la número vigésimo primera en el ránking mundial -hasta ahora- evitar una derrota más amarga.