Hasta los 22 años, en la vida de Analía Alejandra García, los caballos de carrera eran solo una referencia. Vecina de la Villa Hipódromo, pero ajena a ese mundo aparte que se vive allí dentro; el destino quiso que conociera a Juan Luna, joven peón al que un hermano menor suyo seguía con devoción. "Mi madre me pidió un día que averiguara quien era ese Juan, al que mi hermano de 9 años acompañaba todos los días", explicó.
Lleva 27 años casada con ese desconocido que conquistó su corazón, tuvieron cuatro hijos y disfrutan la alegría de ver crecer a tres nietos. Mientras Martín (28), Hernán (27), Fátima (23) y Joaquín (17) eran chicos, Analía se dedicó a sus obligaciones de mamá. Después, como todos ‘tiraban’ para el stud donde el padre convivía con los pura sangre; empezó a acompañarlos y se fue encariñando.
Hace una docena de años, llegó a las cuadras un caballo que no rendía como ‘clasiquero’, su dueño Ricardo Oliva se lo vendió a Miguel Más, quien se lo entregó a Luna para que lo entrenara. Malefizz, un hermoso tordillo, al que su nuevo cuidador transformó en velocista, fue el primer caballo al que Analía brindó cuidados como si fuera un bebe. La hechura de la cama, el control de su alimentación y la limpieza de sus bebederos, pasaron a ser un ritual diario para esta, por entonces treintañera, mujer que en silencio se hizo un lugar en un mundo exclusivo de hombres.
El ‘Sarmiento’ se correrá el domingo 11 de septiembre, Constanzo estará entre los
competidores.
Acompañó, en tres de los seis años que su esposo vivió la década pasada en San Luis, y en los boxes del hipódromo de La Punta fue aprendiendo todos los secretos de un oficio, que en la provincia vecina compartía con Myriam Ávila, una joqueta puntana, y la legendaria Marina Lezcano, la primera mujer que corrió caballos en los hipódromos de Buenos Aires.
En la actualidad, Analía, tiene a su cuidado a diez caballos, entre ellos las dos figuras que entrena su marido. Tamagochi, un velocista, crack en San Luis, y Constanzo, el ganador del último clásico Patrono Santiago, corrido hace diez días en Mendoza.
Aunque parezca mentira nunca subió a un caballo. "En casa de herrero…", cuenta quien todos los días, a las 7 de la mañana ya está observando como durmieron sus ‘bebes’, si comieron y bebieron, para sacarlos a ‘varear’ para que estiren las patas e inicien su entrenamiento.
Devota de la Virgen de Santa Bárbara de Mogna y de la Difunta Correa, a quien hace poco llevó las vendas y las herraduras de Tamagochi. "En su penúltimo triunfo en San Luis corrió lesionado y tiene tanto corazón que ganó", comenta mientras acaricia el pescuezo y mira embelesada al zaino al que uno de sus propietarios, Fabián Mercado, delega con toda la confianza del mundo a esa, primera y única, dama cuya vida esta dedicada a la pasión de cuidar caballos de carrera.
“Nuestra vida está en los stud, nos vamos a las 12 de la noche y volvemos a las 6. sufrí mucho en la época de la pandemia, cuando nos íbamos a las 6 de la tarde y los dejábamos solitos en sus boxes. Ellos trasmiten una paz que no se puede explicar,. ¡Son hermosos!”.
“Al clásico Patrono Santiago no lo ví, cuando corre Joaquin (su hijo menor) me pongo muy
nerviosa. Lloré desde que salieron de los partidores, grité mucho cuando ganó y me quedé
afónica de tanto festejar con todos los muchachos que colaboran con nosotros”.
“Juan me dice, los caballos saben que sos mujer y por eso te tratan tan bien. Gracias a Dios
nunca tuve problemas con ninguno, los trato con dulzura y me responden muy bien, son muy
mansos conmigo. Son como niños, a los que hay que atender en todo”.

