Cuando no se traicionan las convicciones, el mérito y el reconocimiento siempre tiene un plus. Ser puntero absoluto de la Zona 10 ya es complicado pero Atlético de la Juventud Alianza demostró tener razones de sobra para ilusionarse porque se quedó con el invicto de la Villa Obrera jugando el fútbol que le gusta a su gente, sin traicionar jamas la idea de tratar bien la pelota, de buscar sociedades. Le costó acomodarse pero cuando lo consiguió, apostó a lo que pregona y terminó metiendo un 3-0 merecidísimo que dice que la punta del grupo está en buenas manos.

No fue sencilla la tarde de Alianza pese al resultado final porque el esquema que le propuso la Villa con mucha marca en el medio con el trío Barrios, Aballay y Lepe, le cortó los circuitos al Lechuzo y lo privó de profundidad. Pero Alianza insistió en su propuesta y cuando pudo acertar jugando generó la primera de peligro. Se asociaron Avila con Alaniz, tocaron exacto y el goleador de Alianza no perdonó ante la salida del arquero de la Villa. Iban 33′ de esa primera parte y se abría otro partido. Es que Villa Obrera salió, se mostró más y Alianza lo leyó de inmediato como para castigarlo de contra. No le alcanzó el primer tiempo pero cuando apenas arrancó el complemento, antes de los 10′, lo sentenció cuando la movieron preciso y rápido desde el medio, llegó por sorpresa Samper y en vez de definir, cedió para Cano que solamente tuvo que empujarla para poner el 2-0.

Lo que vino después fue lo mejor del partido desde lo futbolístico porque Alianza controló todo y mostró los argumentos de siempre: buen trato por la pelota, mucha movilidad y contundencia. Así, a los 21′ tras otra contra que encabezó Alaniz, le tocó el turno a Roberval para decorar la tarde gélida de Santa Lucía al definir y poner el 3-0 ya lapidario para un Villa Obrera que se acordó demasiado tarde de jugar.

Alianza se dio un gusto grande ante su gente. Sin traicionar nunca lo que pregona desde el banco su entrenador, jugó como lo exige su historia y hoy se lo permite los resultados, Villa Obrera diseñó un modelo para cortar ese juego que cuando apareció en Alianza, fue demasiado superior. En Santa Lucía, la punta tiene un dueño que se acomodó a esta posición privilegiada a partir de una filosofía que ya tiene señales de identidad propia.

Alianza vuela alto a partir de lo que juega y eso, en el fútbol de hoy, es doble mérito como para aplaudirlo.