Boca llegó a San Juan a cumplir con la serie de la Copa Argentina con un equipo lleno de jóvenes figuras que integran su plantel. Sólo Roncaglia, Ledesma y Chávez contaban con el aval de la experiencia que en el fútbol, dan los partidos. El resto tenía que demostrar que merecen estar dentro de un plantel tan cotizado como el que tiene la entidad de La Ribera y, además que son alternativas validas para cuando el técnico Julio César Falcioni deba recurrir a ellos.

Después del primer tiempo, anodino, donde las apariciones fugaces de Chávez, el empuje de Ledesma y la ubicuidad de Erbes mantenían a Boca a flote frente a un rival que cuando se animó le mojó la oreja cabeceándole dos pelotas en el área.

El gol de Blandi, un flaco ágil, de movimientos elegantes que debió bajar mucho a buscar el fútbol que no le llegaba limpio, sirvió para sacudir un poco la modorra de ese parcial olvidable, en los que uno se preguntaba porque algunos jugadores, como los centrales que bartolearon bastante y jugaban a la primera intención, vestían esa camiseta.

Con Blandi afuera por una molestia muscular, Araujo, que se paró 15 metros mas arriba y desde los 17 segundos del período final cuando exigió con un remate bajo una segura reacción del arquero Leguizamón, se transformó en el hombre del partido. El pibe mostró que tiene jerarquía para moverse con lucidez donde las papas queman. Su crecimiento individual coincidió con la mayor soltura de Guillermo Fernández, que explotó con velocidad el callejón izquierdo y no sólo lo asistió con criterio, sino que se animó y reventó el travesaño con un derechazo.

Los puntas y los volantes ofensivos aprobaron el examen. Atrás, los centrales Ruiz y Sauro deberán volver a darlo como materia previa en la siguiente opción que tengan.