Era la fecha. Era el momento de dar ese paso que tanto se ansiaba en el Barrio Atlético porque estaba pendiente aún esa fecha libre y con todo tan ajustado, el verbo ganar era obligación para Trinidad. Y esa victoria terminó sellándola con productos de su cosecha como Marcelo Guajardo y Carlos Cabañas que con sus goles le dieron forma al merecido 2-0 sobre un Sportivo Peñarol que fue algo más en la primera parte pero que después se derrumbó, se quedó sin respuestas y terminó derrotado. La justificación del triunfo de Trinidad se dio en el complemento cuando volvió a sus fuentes, eligió jugar lo que su estirpe manda y no entrar en el roce, en el fragor, que en la primera parte le propuso Peñarol. Es que el Bohemio, en los primeros 45’ mostró más tenencia de pelota e incluso llegó mejor con la sociedad Salinas-Pérez pero no acertó en las dos chances que tuvo con Pérez y eso le costaría caro en la segunda etapa. Trinidad, en ese primer tiempo, tuvo la suya pero Carlos Biasotti le sacó un cabezazo infernal a Ríos que era gol.

En el complemento, Trinidad volvió con otro libreto: el original. Entró en juego Guajardo, se soltó Cabañas y empezaron las opciones. El propio Cabañas tuvo la primera clara cuando metió el zurdazo abajo que Biasotti le sacó al córner cuando apenas iban 3’ de juego. Era anticipo nomás de lo que se venía porque a los 8’ Guajardo apareció por la izquierda demasiado vacío y eligió dónde pegarle para vencer al arquero de Peñarol que nada pudo hacer. Intentó la respuesta anímica y también táctica Peñarol cuando cambió volantes por delanteros. A los 16’ pudo ser empate de Dalpoggeto en un córner pero Eduardo Reina la sacó en la línea. Insistió más Peñarol con el resto anímico pero esta vez fue Guirado el que le sacó el empate a Castro que desvió en el camino un cabezazo de Dalpoggeto. Se abrió demasiado el Bohemio y a los 32’ Carlos Cabañas hizo su unipersonal para enganchar de derecha para el medio y meter un zurdazo delicioso que se le clavó en el segundo palo a un Biasotti que sólo atinó a mirar. Golazo. Por la elaboración y por el resultado. Es que Trinidad certificaba un 2-0 que lo convertía en el gran ganador del fin de semana porque con las derrotas de Alianza y de Desamparados, terminó acomodándose en zona de clasificación para esperar tranquilo la última fecha cuando deba quedar libre. Peñarol terminó sin nada por no haber tenido la contundencia que en este tipo de partidos suelen marcar la diferencia entre el triunfo o la derrota. Trinidad, con su sello, cantó victoria con justicia.