Es simpático. Conversador. No le hace mala cara a ninguna pregunta. Va al frente en la cancha pero también en la vida. Y se nota que tiene los pensamientos bien claros. Ezequiel Lillo tiene 24 años. Es titular en la primera división de hockey sobre patines de Social San Juan. Pero a la vez integra el cuerpo de bandera en la Facultad de Medicina y le quedan un par de meses para recibirse. Una historia de vida admirable…
-Contame, ¿cuando empezaste a jugar al hockey?
-Cuando tenía 9 años. En Banco Hispano. Ya era grande cuando arranqué. Tenía unos compañeros que volaban y todo se me hacía difícil. Siempre digo que empecé a correrlos desde atrás. Antes había corrido bicicross. En Rawson. Me acuerdo inclusive que éramos compañeros con Molina, que ahora es una gran figura en ese deporte. Pero un día hubo problemas por la falta de pista para entrenar y me fui al hockey.
-¿En primera debutaste en Hispano?
-Sí, estuve en Hispano hasta el 2011. Ya había debutado en primera. Pasé a Social, después jugué en Estudiantil y en éstas dos últimas temporadas, otra vez en Social.
-Y goleador de paso…
-Por suerte en estos últimos partidos se me ha abierto el arco. Estoy cómodo en Social. Es un club donde sobra la calidad humana. Puede que por ahí faltan otras cosas pero el cariño de la gente, de los dirigentes, es muy valorable.
-¿Alguna vez te picó el bichito de irte a jugar a Europa?
-Tuve alguna vez una posibilidad de ir a Italia pero fue de palabra y no se concretó. Pero el bichito siempre está. Por ahí es la cuenta pendiente que tengo en el hockey. Ir a Europa para jugar en ese nivel y conocer otros lugares. Usando al hockey como herramienta de vida. La esperanza nunca la pierdo.
-Pasemos a otra faceta de tu vida ¿ya sos médico?
-Si Dios quiere y todo marcha como hasta ahora, en noviembre me recibo.
-¿Pero ya te estás desempeñando en tu profesión?
– Sí, es que en el último año de la carrera se hace como una práctica donde uno ya cumple el rol específico. Es una vocación que la siento muy genuina.
-Vos rompés con el molde que dice que si sos buen deportista, el estudio lo dejaste en segundo plano…
-Tenés que esforzarte y ser ordenado. Estoy orgulloso por integrar el cuerpo de bandera en la Facultad de Ciencias Médicas. Quedé a un centésimo de ser el abanderado.
-¿Y cómo se hace?
-Es cuestión de organizarse, plantearse bien los objetivos a corto y largo plazo. Hace falta mucho sacrificio, porque hay que perderse cumpleaños, fiestas, salidas, y a veces juntadas con los amigos. Pero se puede y las gratificaciones son importantes. Lógicamente hay que tener apoyo de todos quienes están a tu lado.
-¿En la Facultad se te hacía difícil?
-No sé si habrá sido sólo casualidad o por la ayuda de Dios, pero hasta el día de hoy nunca he faltado a un entrenamiento por tener que estudiar. Nunca me perdí algún viaje de hockey o algún partido por tener que rendir. Se me dieron los tiempos, los horarios y las fechas de exámenes. Mucho tiene que ver con el apoyo que recibo. Los profes, por ejemplo, saben que uno tiene otra actividad y me ayudan un poco.
-¿Y tus compañeros qué dicen?
-Ellos siempre se ríen y me preguntan cómo hago. Pero están conmigo y me apoyan.
-¿Cuál es el objetivo una vez recibido?
-Ahora, al final, hay que elegir la especialidad y estoy entre dos de ellas: Cardiología y Cardiocirugía. Por lo general seguir Cardiocirugía dura cinco años y la otra cuatro. Si uno ingresa puede que ya esté trabajando y es remunerado por eso.
-A todo ésto, ¿pensás seguir jugando?
-Siempre he dicho que voy a seguir jugando al hockey hasta lo que más pueda. Es muy complejo los primeros años de residencia, porque estaré muy sobrecargado en los horarios. Con las guardias, por ejemplo. Sería un poco perder el nivel competitivo. Faltar a entrar nunca lo consideré bien. Ya veré lo que hago. También está la chance de ir a Buenos Aires y seguir jugando allá.
-¿Sos feliz de tu vida?
-Totalmente. Gracias a Dios tengo una familia, que es lo más importante. Una novia, con quien estoy feliz. Y siempre conté con la posibilidad de hacer lo que tuve ganas. El hockey me ha enseñado muchísimas cosas en la vida. Y la vocación por la medicina la siento desde el alma.
