– Hoy juegan otra vez con Huracán de San Rafael, el equipo que les ganó 7-1 en la fase anterior, ¿qué sensaciones tenés en la previa?

– Es un partido muy especial para nosotros: queremos demostrar que tenemos las condiciones para jugar en esta categoría. Nunca me tocó perder de esta manera en mi carrera y es algo tremendamente doloroso. Se te mezclan una cantidad de sensaciones feas y pensás en tu familia, en la dirigencia del club, en los compañeros.

– ¿Tuviste mucha autocrítica después de eso que vivieron?

– Siempre trato de mejorar en lo que pienso que estoy fallando. A mí me gusta intentar hacer las cosas bien, aunque luego no me salgan. Por ahí, en el fútbol se dice fácilmente que uno es un fracasado, pero para mí el que puede llegar a ser fracasado es el que nunca lo intenta.

– ¿Sos un apasionado del fútbol o lo tomás principalmente como un trabajo?

– Soy un enfermo del fútbol. Mi trabajo, el que me sustenta económicamente es el que realizo por las mañanas en la Municipalidad de Santa Lucía, donde estoy en la tesorería. El fútbol es mi pasión, me encanta jugarlo y siempre intento disfrutarlo.

– ¿A qué edad empezaste?

– A los 5 años bailaba folclore y mi hermano mayor, Sebastián, me llevó a Peñarol porque él ya jugaba en las inferiores. Me volví loco con lo que vi. Al año siguiente pasé a Alianza y ahí si me convencí que era mi pasión: soy hincha del Lechuzo y a los 16 años debuté en Primera de la mano del técnico de entonces que era, Sergio Carrizo.

– Anduviste por varios clubes como Peñarol, Alianza, San Martín, Marquesado, 9 de Julio y ahora la Villa.

– Sí, por distintas circunstancias y el tema económico debí ir cambiando de equipo. En la Villa encontré un club extraordinario, con un estupendo grupo humano y con el cual pudimos ascender. Encima, me tocó hacer dos goles en la final ante Atenas y eso fue muy emocionante.

– ¿De dónde son con tu familia?

– De La Legua, en Santa Lucía, pero desde hace 15 años vivimos en el Barrio Los Andes, en Chimbas. Soy el segundo de cuatro hermanos varones y mis padres, Marta y Segundo, siempre nos dieron todo lo que pudieron.

– ¿Cómo fue tu infancia?

– Muy linda, aunque dura. En casa había que ayudar entre todos para vivir lo mejor posible y ese sacrificio de mis padres lo tomé como un ejemplo.

– ¿Estás de novio?

-Sí, con Gisel, una compañera de trabajo en la Municipalidad, desde hace 1 año y 5 meses. Nos llevamos muy bien y esperemos seguir así.

– La última, el partido de hoy es a las 16.30, ¿cómo te ves a las 19?

– Tranquilo. Confiado de que vamos a sacar adelante este desafío que tenemos. Rara vez se pierde 7-1 y queremos sacarnos esa espina que tenemos clavada.