El domingo Emanuel Saldaño llegó a la cima del ciclismo nacional con su triunfo en el campeonato Argentino de Ruta en Elite, dentro de la especialidad Pelotón que es la prueba madre de este certamen. Fue la carrera que lo metió en la historia grande del país. Pero su inicio lejos estuvo de ser glorioso pues a los siete años y en su debut, se dio un palo terrible que incluso provocó que su madre, Gloria, quisiera que nunca más se subiera a una bicicleta. Pasaron 18 años desde ese momento y el ex vecino de la Villa Hipódromo (actualmente reside en La Bebida con su familia) tocó el cielo con las manos en Rosario. En el día después de su mayor alegría, en un mano a mano con DIARIO DE CUYO reveló que llegó a pensar no ser convocado para integrar la selección Sanjuanina después de no haber tenido su mejor temporada en nuestra provincia y con la Vuelta como principal frustración. El Chino, de 25 años, también habló de cómo se impuso a Luciano Montivero en la escapada final y se animó a un repaso del inicio en su trayectoria. Palabra de campeón.
-Fue una previa distinta a lo que suele darse con alguien que termina siendo campeón.
-Sí. La verdad que hace diez días pensaba que no me iban a convocar para el Argentino. Pasaban los días y nadie me llamaba. Sabía que esta vez no se armaría una preselección con un mes de anticipación, pero tampoco creía que fuera a ser todo tan rápido. Mucha gente me decía si lo iba a correr y yo les decía que a mí ni me habían llamado todavía.
-¿Tenías la cabeza puesta en este Argentino o ya pensabas que la temporada de Ruta estaba terminada por este año?
-Era como que había colgado los guantes de la temporada. De hecho me fui a correr la Vuelta de Mendoza sin prepararme y pese a que estaba sin la concentración necesaria para estar arriba, igual metí un segundo y cuarto puesto, así que eso me hizo pensar que estaba bien. Después paré cuatro días cuando volví de allá y ahí me llamó Juan José Chica para que nos reuniéramos para correr en Rosario.
-¿Por la temporada que tuviste pensaste que era determinante para que no te llamaran?
-En realidad no tuve una mala temporada, lo que pasa es que cuando uno siempre está primero o segundo y gana seguido, todos se acostumbran a eso. Entonces ahora que sólo había ganado la Vuelta de Albardón en la temporada, todos me decían "¿Qué le pasa al Chino?" o cosas parecidas. Yo me preparé con la misión de ganar la Vuelta, pero en la segunda etapa me di un palo bárbaro en San Martín y eso me condicionó. En la crono en vez de hacer la diferencia, perdí 40 segundos con los primeros y supe que no tenía más chances.
-¿Cómo hiciste para meterte de lleno en el Argentino y terminar ganándolo?
-No estaba mal físicamente, pero sí de la cabeza. No estaba metido, enchufado, así después de saber que iba y tras hablarlo con mi técnico en Forjar, Carlos Escudero, mi señora y mis viejos, como para motivarme le compré un par de ruedas a la bici. Eso me empezó a motivar. Después en el viaje me fui embalando más al estar con compañeros de equipo en Forjar como Dotti o el Turco Julio. El día de la carrera estaba bien, confiado. Encima el sábado me habían dicho Carlos Escudero (su DT en Forjar) y Guillermo Rufino (periodista) que iba ser campeón o al menos ganar una medalla.
-¿Y la carrera cómo se dio?
-La idea era partir el pelotón y por eso en todas las fugas que hubo estuve arriba. El circuito era corto (6,6 km.) pero tenía algunas subidas que complicaban. Cuando quedaban seis vueltas se dio la última fuga con el Pato Montivero y Juan Aguirre. El Pato venía mejor que yo y por eso tiró tres vueltas y en las últimas, entre los dos le pusimos todo. Aguirre se quedó tercero y sin chances de ganar. El Pato me dijo que llegáramos juntos, pero yo tenía tantas ganar de ganar el título con el que soñé siempre que en los últimos metros me corté y terminé ganando.
-Esto es lo mejor que te pasó hasta el momento, ¿pero cómo se dio tu comienzo en el ciclismo?
-Empecé a los siete años por Ariel Fernández, que era un amigo de la familia y vecino de la Villa Hipódromo. El corría en Juveniles en ese momento (1993) y me regaló una remera y una calza. Recuerdo que en la primera carrera, cerca de Ausonia, en el final me caí y me raspé toda la cara. Mi vieja me dijo no corría nunca más, pero a mí me dieron todavía más ganas de hacerlo. A la otra semana se hizo una contrarreloj en la Costanera y me llevó mi viejo: "Ves aquel señor allá lejos, vos tenés que ir con todo hasta llegar a él", me dijo y terminé ganando. A la semana se corrió la Vuelta de San Juan de Infantiles y la gané. Ahí me di cuenta que el ciclismo era mi gran pasión.
