Hizo historia de verdad en San Martín. Fue protagonista central de páginas gloriosas en la década del ’90. Hizo goles que valieron ascensos. También conoció la amargura del descenso en aquella B Nacional de 1991-92. Con todo eso encima, Néstor Leal es una marca registrada en San Juan al que lo dejó de lado la voracidad de los tiempos modernos pero siempre mantuvo ese perfil sin estridencias. Nunca reclamó un lugar que se le debe y hoy lo asume sin rencores ni mucho menos. Lejos del fútbol oficial, sin ser técnico, sin pedir nada. El Yiyo hace su vida. Pasó por varios trabajos. Desde una estación de combustibles hasta el presente en el Hospital Rawson. Leal siente que dejó cuentas pendientes en su carrera. Vivió ascensos y también descensos. Pasó 18 años en la vida de San Martín y sabe de qué se trata.
-¿Cómo se vive la pelea por descender en un equipo?
-Es muy angustiante. Es complicado pero lo es menos cuando las chances de salvación dependen de uno mismo. Eso es lo bueno que hoy vive San Martín, que aún depende de sí mismo y no de tantos resultados ajenos. Tiene una chance y la tiene que aprovechar. Cuando depende de uno, el reclamo se lo puede hacer uno mismo y genera la reacción para cambiar la historia. A nosotros nos pasó en la B Nacional 91-92 cuando subimos y pagamos el derecho de piso muy crudo. Es una situación dolorosa.
-¿Qué te produce cuando ves a San Martín en esa lucha?
-Yo quiero al club, tengo un sentimiento muy especial por San Martín y sufro por lo que vive. Se que pueden salir adelante y los apoyo cuando puedo. Aunque se me hace duro porque para verlo yo pago mi entrada como cualquier hincha y eso no deja de dolerme, no por lo económico sino por cierto olvido que hemos vivido varios desde el club.
-¿A qué te referís?
-Yo pasé muchas cosas buenas y malas con San Martín y siempre le puse todo. Nunca me quejé, trabajé siempre igual. Me tocó pelearla desde atrás cuando traían hasta 6 delanteros y siempre entrenaba esperando mi chance. Parece que se olvidaron de todo y lo sentí. En 1998 cuando me dejaron sin contrato, me torturó mucho esa ingratitud porque nadie se acordó de lo que hicimos por San Martín. Eso me golpeó mucho en lo personal y me deprimió. Pensé que en algo me había equivocado pero luego, la ingratitud fue para varios compañeros que incluso hicieron mucho más como el Roly Rodríguez.
-¿Cómo es hoy tu relación con San Martín?
-Yo siempre trato de verlo. Sufro por el club y disfruto sus éxitos. Nadie de la dirigencia se acordó de nosotros nunca, ni siquiera con una invitación especial o algo parecido. Yo pago mi entrada para verlo y en la cancha me encuentro con el cariño del hincha, de la gente. De todos los que saben qué hice alguna vez por esa camiseta. Ese es el mejor reconocimiento y ya no espero nada más de nadie. Maduré que esas son las cosas en la vida de un jugador.

