-¿Satisfecho por el año de Huarpes?
-Sí, completamente. Para nosotros deportivamente el 2013 fue un año redondo. Veníamos buscando esto hace años. Nosotros arrancamos en el 2009 cuando se inicia el futsal en San Juan y perdimos la final con Alianza. En el 2010 quedamos eliminados en Cuartos por Simplemente. Y en el 2011 volvemos a perder en la final con Alianza y ahí dijimos que queríamos un proyecto serio, lo contratamos a Hermán Vega y le propusimos hacer un trabajo a largo plazo. El año pasado caemos en la final con Justo P. Castro. Hoy la satisfacción de decir que Huarpes es un digno campeón y también decir que el cien por ciento del plantel de Huarpes es de Huarpes.
-Fue uno de los impulsores del futsal en San Juan, ¿cómo surgió la idea y cómo surgió Huarpes?
-En el 2008 hablamos con el Ing. Alfredo Derito (N. de R.: Pte. LSF) para que el futsal se institucionalizara en la provincia, él se entusiasmó y convocó a un grupo de dirigentes. Ahí no más nos pusimos a trabajar y dijimos que íbamos a armar una institución para participar. Queríamos crear algo que no abarque solamente lo deportivo, sino también que sea social. Tenemos gente que colabora, pero nosotros generamos nuestros propios fondos. Hacemos campañas solidarias, intentamos sacar a los jóvenes de lo malo. Estamos haciendo un trabajo con la gente del Barrio La Estación y ya hay muchos chicos que están jugando al futsal.
-¿Es una alegría doble al saber que Martín y Gonzalo (sus hijos) son figuras del plantel?
-La satisfacción es porque hemos conseguido el objetivo. Hay jugadores como el caso también de los chicos Vega (Marcelo y Víctor), ellos junto a mis hijos son los referentes. Pero después hay chicos que se incorporaron y rápidamente se amoldaron al plantel. Están todos en un gran nivel.
-¿Cómo es el trato para con sus hijos dentro de la cancha?
-Nunca influí en el juego de ellos, nunca fui un papá posesivo en la formación futbolística. Siempre les he dicho que le hagan caso al técnico, nada más. No soy un papá de ir a la tela para gritarlos.
-¿Qué le queda de su pasado como jugador?
-Tuve la suerte de jugar en varios clubes. Jugué en Atlético de la Juventud. Después en el año ’79 tuve la suerte de que Don Ernesto Picot nos llevara junto a Alberto Platero a una prueba en San Lorenzo de Almagro, Alberto tuvo una actitud de desafiar a los dirigentes para conseguir el pase e irse y yo por ahí fui más pacífico y me quedé acá. En el 81′ fui a jugar a Atenas, volví a Alianza y en el ’84 jugué en Andes Talleres de Mendoza, en el "86 fui a Villa Obrera. Después me alejé del fútbol por trabajo. Decidí seguir una carrera gremial en la que yo estaba trabajando.
-Sino hubiese aparecido ese trabajo, ¿le hubiese gustado seguir en el fútbol?
-Yo digo siempre que cada uno se va forjando su propio destino. Yo tenía que ayudar a mi vieja, y fue una decisión que uno tenía que tomar. Soy una persona que no se arrepiente de lo que hace. Tengo una familia hermosa, con cuatro hijos.
-¿A cuál de sus hijos ve reflejado lo que era usted?
-Yo siempre les digo: si ellos jugaran el 10% de lo que era yo, serían grandes jugadores. Yo con Gonzalo me puedo identificar más porque era un jugador más livianito. En fútbol once, Gonza podría estar jugando perfectamente.

