Está radicado en Mendoza desde la década del ’90. Hoy por hoy dirige al combinado Sub-15 de esa provincia. Vive ahí con su esposa Claudia, pero sus tres hijos están en Santa Fe. El fútbol sigue girando alrededor de su vida. Por eso, Leopoldo Jacinto Luque -de él se trata- palpita el clásico Argentina-Brasil que se viene en Rosario. Claro, él corre con ventaja: fue protagonista de ese mismo clásico justo cuando se jugó en el mismo escenario: El Gigante de Arroyito. Fue allá por el año 1978. Cuando la selección argentina logró el primer título mundial de fútbol. Aquel inolvidable choque -que fue por la ronda final del Campeonato- terminó 0-0. Muchos la consideraron la "Batalla de Rosario", porque al margen de terminar sin goles fue un concierto de patadas y juego sucio. Como había muchos intereses, el buen fútbol estuvo ausente.
Luque (56 años) comparó aquel momento con la actualidad del gran encontronazo sudamericano por las eliminatorias al Mundial 2010.
-¿Aquella vez fue distinta a lo que será este sábado?
-Para cualquier jugador argentino tener al frente a Brasil es lo máximo. Por eso, el clásico entre Argentina y Brasil es siempre importante. Sea en la época que sea. Fue, es y será el partido que cualquier jugador espera jugarlo. Así como en Europa cuando juegan Alemania y Holanda o España con Italia. Son partidos especiales.
-En el ’78 salieron 0 a 0, ¿el sábado puede ser parecido?
-En el fútbol, nunca hay un partido igual a otro, pero el sábado pueden terminar empatados. En realidad, puede pasar cualquier cosa. Va a ganar el que se levante mejor ese día. Acá no hay secretos. Estos partidos son como un Mundial. Vos te levantás con el pie derecho y le pasás el trapo a cualquiera. Más todavía si el nivel es parejo. Y en Argentina y Brasil hay muy buenos jugadores.
-¿Crees que en la cancha de Central influirá mucho la gente?
-Me molestan las excusas. Qué me vienen a decir que en la cancha de River vos no te sentís apoyado, que la gente está lejos. Si ahí salimos campeones del mundo en el ’78. Y en Rosario, cuando jugamos con Brasil, nos pasaron el trapo. Tendrían que haber ganado ellos 3 a 1. Es cierto, fue un partido sucio, en el que se pegó mucho, pero nosotros apenas tuvimos una chance neta, la del Negro Ortiz. Y ellos tuvieron cuatro o cinco. Y jugamos en Rosario, que era una caldera.
-¿Y por qué crees que Maradona y los jugadores prefirieron Rosario?
-Decimos eso cuando las cosas no nos salen bien. Cuando goleamos a Venezuela en River nadie salió a decir que sentía lejos a la gente. Después, cuando no se dieron un par de resultados, resulta que ahora Rosario es mágico. Espero que nos vaya bien, pero jugar en Rosario no significa que ganemos.
-¿Pero le tenés fe a Maradona?
-Diego es un fenómeno, tenemos unos jugadores espectaculares pero eso hay que demostrarlo en la cancha y con la camiseta celeste y blanca. Los argentinos nunca perderemos la fe.

