-¿Qué es de la vida de Pablo Saavedra hoy a los 46 años?
-Agitada (sonríe). Por las mañanas trabajo en la Secretaría de Deportes como hace una década. En las siestas, soy profesor de Educación Física en la Escuela Ciudad del Sol, y en las tardes me reparto: un par de días en la Escuelita de fútbol del Barrio Camus, donde hay cerca de 80 niños de 6 a 12 años, y en ‘A puro fútbol’, donde empezamos hace un mes. -¿Cómo te sentís enseñándole a los más chicos? -Me encanta hacerlo. Formar un chico es una caricia para el alma. Uno les enseña los fundamentos técnicos del fútbol, pero también trato de formarlos como personas para el futuro, que es sin dudas lo más importante. No hay que olvidarse que de 100 niños, apenas cuatro o cinco van a llegar a cumplir el objetivo de jugar en Primera. El resto, se debe preparar para no cumplir ese sueño. -Imagino que será un ambiente con otro tipo de presiones que en el fútbol profesional… -Es diferente. Acá la exigencia es fuerte también porque es la etapa clave donde un niño irá formando su idea de vida. No es sólo el fútbol, es la vida, el futuro cuando salga de la secundaria, son muchas cosas. Pero sí, no es como el fútbol competitivo. -¿Extrañas esa adrenalina de estar en el ambiente?
-Estoy bien con esto. Me encanta lo que hago y lo disfruto plenamente. Veo que en el fútbol de Primera hoy no hay recursos para formar a los chicos. Entonces, se centra todo en si es bueno o no. No hay una idea, un proyecto de pensar a largo plazo y dejar que se desarrolle. También entiendo que en los clubes los recursos económicos no abundan y por eso se prioriza a veces el tema de la Primera y en inferiores no se invierte como se debe. -¿Pensabas que Emmanuel Mas iba a llegar donde está?
-Emma aún no tocó su techo. Lo tuvimos en Del Bono con el Roly cuando tenía 17 años y después cuando agarramos San Martín. Era un chico con un sacrificio descomunal. Una gran personalidad y mucha potencia física. A eso le sumó una gran madurez para ir superando los obstáculos. Es un ejemplo a seguir el Emma por los más chicos. Además, cumplimos años el mismo día: el 15 de enero (sonríe). -¿A qué edad arrancaste en San Martín? -Cuando tenía 10 años fui a la Escuelita de fútbol, que dirigía y había fundado Juan José Chica. Pero estuve apenas seis meses. Volví al club con 16 años y entré a la Sexta. Ahí me quedé y en Primera conseguimos los dos ascensos a la B Nacional. A los 32 años me fui mal del club: llegó Zucarelli y trajeron 20 jugadores. La gerenciadora que tomó el club no me trató bien y me fui a Independiente Rivadavia. Jugué una temporada y volví a la provincia a Unión para jugar mis últimos seis meses. A los 34 años colgué los botines para siempre. -¿Te costó dar ese paso? -No. Lo asumí bien y rápido. Ya era profe de Educación Física así que sentía que el mundo no se terminaba sin el fútbol. Era una decisión difícil, pero que debía tomar. Nunca me arrepentí del momento en que lo hice.

