-Fundamentalmente, la humildad. Yo aprendí todo de la vida gracias al fútbol. Empecé en Peñarol en Primera con 14 años y me tuve que hacer grande a la fuerza pero gracias al fútbol fui aprendiendo las cosas buenas, el sacrificio, la responsabilidad. Con eso, es lo que yo trato de formar a mis chicos. Enseñándoles desde mi propia experiencia. Ése es el secreto.
-Me dio muchas cosas. Casi todo, te diría yo. Ser el segundo de ocho hermanos en una familia en la que faltaba de todo menos el amor, te hace valorar cada cosa que conseguís. Ver a mi vieja en la cosecha para darnos de comer o acordarte de que tu abuela se quemó por cocinar con carbón para que tuviera un plato caliente de comida, te cambia la perspectiva de todo. Y por el fútbol fui cambiando mi vida, encontré grandes amigos y afortunadamente, pude alejarme de tentaciones que siempre están como la delincuencia, las drogas o la noche. El fútbol me enseñó a vivir pero mis chicos tienen que saber que también se puede vivir sin el fútbol. Eso es lo que yo trato de transmitirles siempre.
Tal vez algunos momentos familiares que se me pasaron por estar tan dedicado al fútbol. Esos no vuelven pero en el repaso final creo que el fútbol me dio mucho más de lo que me restó. De eso estoy seguro.
Simplemente porque no les dan una oportunidad. Hay material, de eso estoy seguro, pero la dirigencia tiene que animarse y apostar por los sanjuaninos. Falta esa decisión y depende de ellos, de nadie más. Todos los formadores que hay en San Juan tienen capacidad formativa.
Han cambiado demasiado las cosas. La dirigencia se manejaba de otra manera y había palabra. Cuando pasé por Alianza, en la década del 80, tenía de presidente a Vicente De Gaetano y cómo sería que él mismo te llamaba para pagarte. Ahora, no. Es complejo. Demasiados intereses y en los chicos, en los jugadores, como que se saltean etapas. Eso los perjudica mal y hay que insistir en su formación para evitarlo.

