A los 46 años, Marcelo "Tribilín" Bustos está disfrutando el comienzo de una nueva etapa futbolística, que es prácticamente imposible de separar del resto de su vida. Luego de muchos años de haber estado trabajando como ayudante de campo, por primera vez encaró el proyecto de ser el director técnico en un plantel de Primera y los resultados ayudan, ya que fueron dos triunfos que llevaron a su equipo, Libertad Juvenil, a salir de la zona de descenso de la Primera local. Pero Bustos no dejó sus otras actividades, como el oficio de pintor y las dos divisiones de inferiores en Trinidad.
-Cuando no estás trabajando con los planteles, ¿seguís hablando de fútbol?
-El fútbol nunca me cansa. Cuando fui arquero, era igual. Siempre estaba un rato antes y me iba una hora después en los entrenamientos.
-Tu papá fue ciclista.
-Sí, pero le gustaba también el fútbol. Al principio me tentó con la bicicleta, pero luego elegí y me acompañó siempre.
-¿Y que sentís con esto de dirigir a un equipo en Primera?
-Es un cambio grande. Porque a la tarde estoy con estos jugadores y por la noche, con los chicos de sexta y séptima en Trinidad. Y a todos lados voy contento igual. Disfrutando.
-Tu debut en Libertad Juvenil fue justamente contra Trinidad.
-Fue algo raro. Estaba tan nervioso, tanto porque era mi debut como por el equipo que tenía enfrente. Conocía a los chicos que había dirigido el año anterior.
-Y eso ayudó a preparar el partido.
-Claro, uno los conoce y fue una ayuda grande.
-Cuando ganaron el segundo partido, ante Juventud Unida, ya no tenías machete.
-Ahí fueron los jugadores quienes me comentaron lo que pasó en la primera rueda. Ganamos un partido muy duro que los muchachos lo sacaron adelante.
-¿A quién observas?
– Pasé por varios técnicos. Empezando por Juan Pagés, Angel Bartol, Roly Rodriguez y Cuca Herrera por nombrar algunos ahora. Las charlas son diferentes y vas sacando algo de cada uno algo. De Juan Pagés fue quien más me ayudó. En el fútbol nunca se deja de aprender.
-¿Te conocen más por tu apodo que por tu nombre?
-Exacto. Me lo pusieron en el "86 ni bien llegué a Sportivo. Fue el técnico, Talamonti. Era flaquito y apenas me vio, me puso el apodo. Quedó para siempre y lo tomo espectacular. Ahora me conocen más por Tribilín que por Marcelo. Cuando alguien me llama por mi nombre, cuesta poco. Y adonde voy siempre me presento por mi nombre y luego digo que me llamen Tribilín.
-¿Y vos sos de poner apodos?
-No. A los chicos trato de decirles por el nombre o el apellido. Aparte hay que tener una chispa especial. Nunca vi a nadie por ejemplo como Maxi "Loco" Ponce, cuando estuve en Alianza. La puntería que tenía para poner apodos era para admirar.
-¿El último que escuchaste y te hizo reir?
-Los escucho a los chicos de ahora. Hay uno que ya es el "Cebra" por lo rayado que está.

