El sociólogo Pablo Alabarces, especialista en tema de “la violencia en el fútbol” reiteró ayer que “existe una cultura del aguante” y que “se necesitan diez años para cambiar desde lo cultural”.
“El barra que durante años cultivó imagen de caudillo y cierta admiración de otros hinchas cuando su equipo juega de visitante es una de las causas‘, explicó.
Alabarces, 50 años, profesor universitario, adelantó que “con apoyo del CONICET los investigadores del organismo de Ciencia y Técnica, se elaboró un documento donde el tema de la violencia de las distintas barrabravas tiene raíces profundas en el propio fútbol; así también en causas sociales”, agregó. “Incluye una propuesta”, alega.
“Se necesitan diez años para cambiar desde lo cultural lo que está entronizado hace veinte”, afirmó el intelectual con post grado en Inglaterra y libros publicados sobre el mismo tema.
“La ONG ‘Salvemos al fútbol’ da cuenta de 265 muertos desde los orígenes del profesionalismo; casi 200 crímenes desde la dictadura en adelante”, continuó.
“El barrabrava sabe pormenores de lo que pasa en el club, de modo especial el manejo de recursos y cuentas bancarias de dirigentes. Los jefes, hacen inteligencia cuando amenazan por teléfono a directivos no sólo va el mensaje mafioso: ¡Mirá que sabemos a qué escuela van tus hijas…! sino que operan sobre el dinero que ganó tal o cuál directivo con el pase de tal o cuál futbolista”, describió.
Amílcar Romero, 65, ensayista, escritor, en su libro ‘Muerte en la cancha’, 1985, hace más de un cuarto de siglo anticipaba que “la violencia en el fútbol se acentuó cuando el espectáculo se transformó en un fenómeno que pasó desde la fiesta popular a la industrialización, donde el antagonismo se instaló como una cuestión que produjo diferencias de clase, regiones, religiones y hasta de barriadas”, escribió.
La primera víctima por represión policial que registran las crónicas periodísticas se produjo en el Viejo Fortín de Villa Luro, estadio de Vélez Sarsfield (luego José Amalfitani).
Ocurrió el 19 de octubre del ‘58, cuando un sector de la hinchada de River rompió un alambrado del lado de la tribuna visitante y la Policía Federal reprimió con pistolas lanza gases (un proyectil de metal).
El joven Mario Linker, 21 años, recibió el impacto en la cabeza y murió en el acto. El episodio se registró cuando faltando cinco minutos el arquero de Vélez, Roque Marrapodi, demoró un saque de arco y detrás del alambre gente de River le arrojó un proyectil. Ganaba Vélez 1 a 0. El encuentro fue suspendido.
Dante Panzeri director de ‘El Gráfico‘ escribió: “el fútbol se transformó en negocio de pocos que viven con él merced a una mayoría que humanamente hasta muere por él”, para explicar el trasfondo de la materialización del fenómeno social.
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