Cuando se terminaron los 90’ y Unión Sunchales había dado el golpe final, en Rawson sonó el murmullo. Todos miraban al banco, añorando aquellas grandes noches de penales atajados por Rodrigo Tula, pero en el arco titular y con toda la fe del mundo estaba Pablo Lucero. Un auténtico producto de Unión que sabía que ese era su momento. Ese que tanto sonó cuando de pibe sabía ver desde la tribuna a Carlos Biasotti. A los 28 años, Pablo sabía que no podía dejarlo escapar. Hasta lo había soñado y hasta lo había comentado son su novia: sabía que iba a atajar un penal. Y se le dio. Se acordó en ese momento de lo que el Toto, el utilero y furioso hincha de Unión, le había pedido una vez: que fuera tapa de los diarios. Por eso, Lucero sabía que ese momento era el suyo y lo disfrutó. Era la revancha interna, esa recompensa que tanto quería.
“Yo empecé en Unión a los 6 años. Estuve hasta los 14 en Inferiores y a esa edad me vieron de Renato Cesarini y me llevaron a Rosario. Estuve hasta los 19 años y un representante me llevó a Ecuador, al Delfin de Manta. Fueron apenas 6 meses y se cayó todo. Entonces apareció la chance de ir a España y ahí pasé por la filial del Gimnastic de Tarragona. Fue una gran experiencia pero siempre me tiraba volver a San Juan. En 2012 tenía todo arreglado para jugar en el Extremadura pero mi papá había charlado ya con la dirigencia de Unión y no lo dudé. Me vine sabiendo que iba a ser difícil jugar pero me tenía fe, como siempre. Fue más duro de lo que imaginé si solamente jugué medio partido en toda la temporada y fue contra Unión Aconquija estando ya eliminados. Era el momento de volver a decidir y me dije a mi mismo que podía lograrlo. Con mi estilo, callado, perfil bajo. Con Enrique no jugué, hasta que llegó el Gino y se me dio. Sabía que era la oportunidad y si bien, venía trabajando tranquilo, parea cualquier arquero estar en una situación como es definir por penales, puede que sea la chance de hacerse dueño del arco. Me tuve fe siempre. Desde que no jugaba hasta este sábado, así siempre sentí el fútbol”, contó embalado Lucero.
Después, tiró otra frase que lo pinta de cuerpo entero: “A las finales no se las juega, a las finales se las gana. Eso lo tenemos más que claro en el plantel y en lo personal, yo solamente se lo que me costó llegar hasta acá con Unión. Se me cruzó en mi mente mi vieja -que está en el cielo-, mi novia, mi papá. Todo junto en ese momento que yo sabía que era el que tanto quería. Se me dio y se que cambiaron las cosas pero quiero ascender con Unión porque lo llevo en el alma”.

