Con más de un minuto por jugar, pero con la serie liquidada, Greg Popovich, el técnico de la dinastía que marcó la última década de la NBA con San Antonio Spurs, decidió sacar a Manu Ginóbili. El 20 enfiló hacia el banco de suplentes, quizá por última vez con esa camiseta, y se dio una imagen que habla de quién es el bahiense a nivel mundial: se pararon todos los asistentes del coach y sus compañeros para cada uno darle un abrazo. La sensación que era el final de 14 temporada en la elite del básquetbol mundial resultó ineludible.
El campeón olímpico, subcampeón mundial (ambas con Argentina), monarca europeo (con Kinder Bolonia) y cuádruple rey de la NBA con los texanos no quiso confirmar nada en la conferencia poscaída ante Oklahoma City Thunder por 113-99 , que derivó en el 2-4 en la semis del Oeste. No se podía esperar otra cosa de alguien que siempre piensa más de dos veces decisiones cruciales en su vida. Ya cerca de cumplir 39 años y habiendo confirmado que se retirará de la albiceleste en los Juegos Olímpicos de Río en agosto, otra temporada en la NBA parece difícil, más allá que en la renovación previa a esta temporada colocó una cláusula para que él decidiera si jugaría en la 2016-17. Será vital en la decisión que tome Gino la charla que mantendrá la próxima semana con Popovich, quien hace un año le pidió, al igual que a Tim Duncan, que continuará un año más. Si el serbio le insinua que esto fue todo, Ginóbili dejará la NBA para siempre. Sólo un pedido del DT y su determinación personal, pueden inclinar la balanza para otro año más.
El paso inexorable del tiempo lo mostró a Ginóbili en un rol secundario en esta 2015-16. Fueron pocas las veces que cerró un partido en cancha y promedió menos de la mitad de los minutos (21). Ese rol no le molestó pues entendía que lo primero es el equipo. ‘Si me sintiera miserable cada partido y no me pudiera parar dentro de una cancha junto a mis compañeros, retirarme sería una decisión fácil y podría haber pasado hace dos años’, sostuvo poseliminación y agregó ‘estoy acostumbrado a que me pregunten por el retiro. Es algo que sucede cuando pasás los 35 o 36 años. Me tomaré mi tiempo y veré qué hago’.
El tema familiar comienza a pesar cada vez más en él. Sus tres hijos y su esposa requieren de mayor tiempo junto al flaco que siempre soñó con ser como su ídolo: un tal Michael Jordan. Quizá sea tiempo de irse, claro que antes nos daremos el lujo de verlo por última vez con la celeste y blanca en el pecho. Por eso, si se acerca el final de su carrera, que los Maradona, Vilas, Monzón y Fangio se agrupen un poquito más en ese olimpo de los mejores deportistas de la historia de nuestro país, pues junto a ellos ya tiene su lugar asegurado este zurdo. Un fuera de serie que llegó donde difícilmente vuelva a estar otro argentino.
