Ecuador volvió ayer a estar bajo las riendas del presidente Rafael Correa, tras la sangrienta rebelión del jueves pasado que ya suma ocho muertos y 193 heridos, según el Ministerio de Salud. Pese a la calma de ayer, el Gobierno dijo que todavía no puede cantar victoria, tras la sublevación de policías que fue considerada un intento de golpe de Estado.
Correa fue agredido por policías el jueves en Quito, retenido en un hospital y luego rescatado por militares en un fuego cruzado, en lo que empezó como una protesta para frenar un plan del Gobierno que elimina beneficios económicos a las fuerzas de seguridad, pero terminó saliéndose de control.
Aunque el presidente emergió triunfante de la situación en la noche del jueves y pudo reasumir su cargo, todavía enfrenta una lucha política para impulsar las medidas de austeridad que despertaron el descontento de los policías sublevados en Quito y Guayaquil.
"No podemos cantar victoria totalmente, está superada la situación por ahora, pero no podemos confiarnos", dijo el canciller, Ricardo Patiño, a periodistas. "El intento golpista posiblemente tenga unas raíces por ahí, que hay que buscarlas y extraerlas", agregó.
Luego de la jornada de caos que tuvo en vilo al país y a toda Latinoamérica, el jefe de la policía, Freddy Martínez, anunció su renuncia por no haber podido controlar a su fuerza. Correa designó al policía Fausto Franco, un general de distrito que se desempeñaba como director de Educación de la fuerza según el sitio web de la policía ecuatoriana, para reemplazar a Martínez.
Tras la revuelta, la ministra coordinadora de la Política de Ecuador, Doris Soliz, anunció ayer que el gobierno de Ecuador analiza posibles cambios en la gabinete como consecuencia de la rebelión policial. En Quito, la capital ecuatoriana, los negocios levantaron ayer sus persianas, mientras militares vigilaban el Palacio de Gobierno y poca gente caminaba por las calles.
Las clases fueron suspendidas ayer en todo el país por tiempo indefinido, mientras en distintas ciudades militares patrullaban las calles. El Estado de excepción declarado el jueves por cinco días, que consiste en que las fuerzas armadas se hagan cargo de la seguridad interna, continuará vigente.
El Ministerio de Salud informó la muerte de dos policías y seis civiles durante la jornada de protestas de policías para defender el pago de bonos y condecoraciones. Los dos uniformados y un civil murieron en Quito durante el enfrentamiento. En tanto, cinco civiles perecieron en Guayaquil por la violencia en actos delictivos registrados a lo largo de la jornada.
Aunque no se precisaron las identidades, la prensa local difundió que los fallecidos en la capital son los policías Froilán Jiménez (29 años) y Edwin Calderón, y el estudiante Juan Pablo Bolaños (24 años). El Ministerio de Salud indicó que en los hospitales de Quito se atendieron a 193 personas, la mayoría por heridas de proyectiles, de las cuales 16 están graves y 6 en terapia intensiva, por lo que no se descarta que aumenten los muertos.

