Dos meses después del terremoto más grave ocurrido en Japón, residentes de Kawauchi, volvieron a la zona azotada, enfrentaron una cruda realidad y un futuro incierto al regresar brevemente a sus casas abandonadas.

Vestidos con trajes protectores blancos que los cubrían desde la cabeza a los pies y acosados por los periodistas, 92 residentes del pueblo de Kawauchi, en el noreste de Japón, recorrieron por dos horas la zona de exclusión de 20 kilómetros alrededor de la destrozada central nuclear de Fukushima Daiichi.

Al llegar en autobús al gimnasio del pueblo después del recorrido, cada uno de los residentes llevaba una bolsa de plástico que les dieron para rescatar algunas pertenencias. La mayoría las llenó con ropa, pero también con fotos, peluches, documentos bancarios.

‘Además de la ropa, no hay mucho más que nos podamos llevar al gimnasio, porque apenas hay espacio en el centro de evacuación‘, dijo una mujer de mediana edad que no quiso ser identificada.

El 11 de marzo pasado un sismo de 9 grados de magnitud en la escala de Richter, produjo una ola gigante que barrió pueblos enteros de la costa nordeste de Japón, dejó barcos kilómetros tierra adentro y causó en Fukushima el peor accidente nuclear desde el de 1986 en Chernobyl, además de dar pie a un encendido debate mundial sobre los pros y los contras de la energía atómica.
Hoy dos meses después unas 117 mil personas que siguen sin poder regresar a sus hogares recordarán a los cerca de 15 mil fallecidos y 9.900 desaparecidos.

Por su parte el escueto grupo que volvió por unas horas a sus casas, fueron evacuados a centros de toda la región de Fukushima después de que el Gobierno declarara el mes pasado que Kawauchi, un pueblo de 3 mil habitantes, y otros ocho municipios dentro del radio de 20 kilómetros alrededor de la central nuclear, era zona prohibida.

En este marco, el primer ministro nipón Naoto Kan, bajo presión por su forma de manejar la crisis, ha dicho que el Gobierno decidirá si los evacuados pueden volver a sus hogares después de que los reactores dañados hayan sido estabilizados.

En relación al tiempo estipulado, Tokyo Electric Power Co (TEPCO), el operador de la central, ha dicho que el proceso probablemente lleve hasta fin de año.

Otros expertos dicen que podría tardar más tiempo estabilizar los reactores, es por esto que algunos residentes temen no poder volver nunca.

“Yo prácticamente me he resignado, pues no sé cuándo podré regresar a la aldea”, dijo un hombre mayor que llevaba una gorra de béisbol.

Muchos en Kawauchi se ganaban la vida con la tierra y tuvieron que abandonar su ganado cuando fueron evacuados.
“No fue nada bueno. Sólo tres vacas de un rebaño de 18 estaban vivas”, dijo Takafumi Kusano, de 50 años.

“Dejé libres a las tres que sobrevivieron. Espero que salgan adelante hasta que se acaben los problemas. Quería enterrar a las muertas, pero no hubo tiempo”, añadió.

Algunos residentes llevaron bolsas de comida para animales al pueblo para ayudar a sus mascotas a sobrevivir hasta su próxima visita.

Los residentes de Kawauchi fueron los primeros en poder volver, pero el Gobierno planea visitas breves similares para los habitantes de las otras ciudades y pueblos evacuados.