El presidente de los EEUU, Barack Obama, y su retador, el candidato republicano, Mitt Romney, se someten hoy al veredicto de las urnas en una de las elecciones más reñidas de la historia de EEUU, que mantendrá el suspenso hasta el recuento del último voto en un puñado de estados clave.

Después de una campaña larga, amarga, costosa, y que al final se vio empañada por el trágico huracán Sandy, Obama y Romney no se sacaron ventajas como para arriesgar un pronóstico. Sin embargo, en las última horas, las encuestas pasaron del virtual empate técnico -48 a 48- por ciento de la intención de voto, a -48 a 45- a favor de Obama. Si el actual inquilino de la Casa Blanca consigue finalmente su reelección, habrá hecho historia: salvo

Franklin Roosevelt en épocas de la Segunda Guerra Mundial, ningún otro presidente de EEUU ganó su reelección en medio de una crisis económica estructural como la que hoy atraviesa USA.

Una de las clave que puede poner a Obama a tiro de un nuevo mandato de 4 años es el voto latino.

En 2011 había 51,9 millones de latinos en el país, un 16,7% de la población. Obama tuvo el respaldo en las elecciones de 2008 de casi 7 de cada 10 hispanos que depositaron su voto.

Entonces, 19,5 millones de hispanos tuvieron derecho al voto pero solo la mitad decidió hacer uso de él. En esta ocasión están habilitados 23,7 millones y la mayoría apoya a Obama por su política inmigratoria.

El sistema electoral estadounidense es indirecto, lo que implica que el presidente y vice son elegidos por un Colegio Electoral y no por los ciudadanos de forma directa.

En las elecciones presidenciales, los estadounidenses eligen a los electores que los representarán en el Colegio Electoral que consta de 538 electores, por lo que se necesita una mayoría de 270 electores o votos para ganar los comicios. Salvo Maine y Nebrasca que tienen un sistema de representación proporcional, en los demás estados, el ganador se lleva todos los electores aunque gane por un voto.

Pero la llave del poder la tiene un puñado de entre 8 y 10 estados que, por su gran cantidad de población, aportan un importante número de electores que pueden inclinar la balanza.

La madre de todas las batallas de libra el Ohio con 18 votos puede decidir la elección. La estadística abruma: ningún candidato republicano logró jamás la Presidencia habiendo perdido en Ohio. Quien gano en el estado ganó también la Casa Blanca en todas las elecciones presidenciales menos dos, ambas anteriores a 1964. Según encuestas, hay una ligera ventaja en favor de Obama.

En este contexto, Romney buscó conectar con votantes que apoyaron a Obama en 2008 y fueron defraudados, describiéndose como el candidato del cambio y ridiculizando el fracaso del mandatario demócrata por cumplir sus promesas de campaña. ‘Él prometió hacer mucho, pero francamente se quedó muy corto‘, dijo Romney en un mitin en Cleveland, Ohio.

Obama, citando la mejora en reportes económicos sobre el ritmo del empleo, argumentó que ha avanzado en reactivar a la economía, pero que necesita un segundo mandato para terminar el trabajo. ‘Esta es una elección entre dos versiones diferentes de Estados Unidos‘, dijo Obama en Cincinnati, también en Ohio.