El nuevo presidente deberá afrontar un futuro salpicado por una alta inflación, desabastecimiento y una pobreza que no pasa inadvertida.
Inflación:
El sucesor de Hugo Chávez deberá frenar una inflación de un 20 por ciento que el país soporta desde hace más de 26 años. El ingreso de Venezuela depende en gran medida del petróleo, que de los 16 dólares por barril pasó a más de cien en la actualidad. El Gobierno intentó contener la inflación con estrictas regulaciones, que aunque lograron reducir la velocidad de los precios momentáneamente, generaron brotes de escasez. El Gobierno también deberá vigilar los controles de precios que fallan en la revisión de los costos de producción, lo que a menudo deriva en desabastecimiento de bienes controlados. El tejido industrial venezolano ha perdido grosor en los últimos años y según los privados esto se debe a los controles de precio, la escasez de divisas y la inseguridad jurídica.
Pobreza:
Sigue siendo de las más altas del subcontinente y la gente está arrinconada por la escasez de alimentos. Además, hay una merma en las importaciones, de las que depende en gran parte el abastecimiento del país, lo cual mantiene en el horizonte problemas como el desabastecimiento de alimentos. Las millonarias transferencias de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) para proyectos sociales del Gobierno, que abarcan desde la compra de alimentos hasta la construcción de casas, también han vulnerado el flujo de caja de esa compañía petrolera, fuente de 96 de cada 100 dólares que entran al país.
Devaluación:
La devaluación de un 32 por ciento para la moneda local impulsó nuevamente los precios, que en algunos casos se duplicaron de un plumazo, iniciando un nuevo círculo inflacionario que en algún momento creará la necesidad de otra devaluación.
Control cambiario:
Venezuela sufre de frecuentes sequías de dólares en medio del control de cambio vigente desde 2003, lo que reduce la
disponibilidad de bienes en una economía dependiente de las importaciones. Del lado de los consumidores, los venezolanos carecen de fórmulas para ahorrar o invertir en moneda extranjera y cuentan con montos limitados para estudiar y viajar al exterior. El nuevo presidente deberá idear una nueva fuente de divisas constante para los demandantes y rentable para el Gobierno. Durante su gestión interina, Maduro lanzó un sistema de subasta de divisas que en su estreno vendió dólares a un promedio de 14 bolívares, mayor al oficial de 6,3 bolívares. Aunque se espera que esto atizará la inflación, es menos pesado de mantener en términos fiscales que el dólar fijo. Además, el nuevo presidente deberá lidiar con la escalada del dólar en el mercado paralelo, que es ilegal.
Petróleo:
Habrá que encontrar fórmulas para que el flujo de los petrodólares a las ‘misiones‘ gubernamentales no vulnere la capacidad de inversión de PDVSA, en momentos en que urge elevar la estancada producción de crudo. La cuna de las mayores reservas de crudo del mundo también requiere de multimillonarias inversiones en infraestructura.
Expropiaciones:
La ola de expropiaciones de empresas dejó una estela de más de 20 arbitrajes internacionales por montos multimillonarios que deberán ser enfrentados por el Gobierno.
Viviendas:
El déficit habitacional venezolano llegó a superar 2 millones de viviendas. Chávez logró reducir la brecha mediante un gran proyecto de construcción de casas a precios subsidiados. No obstante, el mercado inmobiliario adolece de nuevas construcciones privadas.
Chávez intentó abordar el problema a través de la regulación de precios de venta y alquiler, así como tasas de interés hipotecarias. Pero los precios de las viviendas se mantienen inalcanzables.
Fuente: Reuters

