La guerra entre el régimen de Bachar al Asad y los rebeldes en Siria ya cuenta más de 100 mil muertos en tres años de conflicto, 2,2 millones de desplazados, miles de edificios destruidos, persecución, etc.
Cuna de la civilización y ejemplo de convivencia pacífica entre cristianos y musulmanes durante siglos, Siria muestra hoy su contracara y ofrece al mundo una nueva generación de cristianos mártires, en el marco de un conflicto complejo en el que una palabra de más puede provocar una bomba en una iglesia.
Este es el caso de uno de los más emblemáticos símbolos del cristianismo arrasados por una guerra que parece no tener fin. La Iglesia del Sagrado Cinturón de Santa María, un histórico templo que, según la tradición local, tiene en custodia el cinturón o correa de la Virgen María, la madre de Jesús, se transformó en otra víctima de guerra.
El templo, ubicado en la provincia de Homs, está construido sobre una iglesia subterránea que data del año 50 -constituyendo una de las más antiguas en el planeta- y, hasta antes de ser gravemente dañada durante los enfrentamientos entre la oposición armada y las fuerzas de seguridad, funcionaba como la sede del arzobispado sirio ortodoxo.
Según cuenta la tradición patrística basada en el relato siriano del apóstol Tomás, cuando los apóstoles de Jesús no encontraron el cuerpo de la Virgen María tras su muerte, Tomás les relató su asunción al cielo en cuerpo glorificado, y les reveló que recibió de parte de ella su cinturón.
La tradición siriana relata que Tomás llevó el cinturón con él a la India, donde fue martirizado por parte de sacerdotes paganos.
Cuando se llevaron las reliquias de Tomás a Edesa, en el siglo IV, el cinturón fue llevado con ellas. Finalmente, llegó a la Iglesia de la Virgen en Homs, y por eso tomó el nombre de Iglesia del cinturón de la Virgen.
La reliquia, descubierta en 1852 durante la época del arzobispo Mar Julius Peter, fue colocada en el altar del templo. Más adelante, en 1953, fue redescubierta por el Patriarca Efrén I Barsoum, en un recipiente de piedra bajo el altar. Con la historia milenaria de la reliquia a cuestas, el templo más antiguo del mundo se convirtió en lugar de bendición y peregrinación para los fieles cristianos. Hoy, los cristianos sirios sufren su destrucción y la de otra treintena de templos católicos.
La guerra ya ha desplazado casi medio millón de católicos sirios dentro y fuera del país. También hubo cientos de casos de cristianos que debieron convertirse al islam amenazados de muerte si no lo hacían o, en un hecho que aún genera preocupación y dolor: el secuestro de los obispos, el greco ortodoxo Boulos al-Yazigi y el sirio ortodoxo Mar Gregorios Yohanna Ibrahim, de los que se desconoce su suerte.

