La exhortación apostólica ‘Evangelii Gaudium‘ es el documento programático del papa Francisco. Un texto propositivo, revolucionario y audaz en el que sienta las bases para la reforma estructural de la Iglesia, incluido el propio papado. Un programa orientado hacia una Iglesia más misionera, de los pobres y para los pobres, de puertas abiertas, que sale a las periferias existencias y que, sobre todo, debe orientarse a ser ‘casa‘ para todos y ‘no aduana‘. ‘Prefiero una Iglesia golpeada, lastimada y sucia porque ha estado en las calles que una Iglesia insalubre por haberse confinado y aferrado a su propia seguridad. No quiero una Iglesia preocupada por permanecer en el centro y después termina atrapada por una red de obsesiones y procedimientos‘, definió el Papa sin retórica ni subterfugios.

El plan de acción del pontífice argentino también tiene una fuerte carga política, es crítico de la falta de liderazgos en el mundo, reivindica la Doctrina Social de la Iglesia y asesta un golpe directo al ‘capitalismo global‘.

La esencia del documento es el Concilio Vaticano II, cuyos postulados son una deuda pendiente que reclama aplicar, y también la impronta social y latinoamericana plasmada en el Documento de Aparecida. Pero es, ante todo, un texto con el sello propio de Jorge Bergoglio: Lenguaje directo y coloquial, escrito en español con notas en el mismo idioma y en italiano. Con muchas definiciones ya escuchadas durante sus años de gobierno pastoral en Buenos Aires. ‘Es un documento claro y profundo, reflexivo y práctico, espiritual y pastoral, existencial y social. Tiene mucha tela para cortar y seguramente dará que hablar‘, consideró el arzobispo Víctor Manuel Fernández, rector de la Universidad Católica Argentina (UCA). ‘El mismo dice que no es un documento más, porque es programático, e insiste en que nos unamos a ese programa con creatividad y audacia‘, agregó el prelado argentino que es considerado uno de los ‘teólogos del Papa‘.

El programa renovador del Papa puede sintetizarse en diez claves o cambios de fondo: *La reforma de las estructuras eclesiásticas: Encaminarse hacia una Iglesia más descentralizada, democrática y con un mayor protagonismo de las conferencias episcopales en la toma de decisiones. *Cambios en el papado: Apertura a posibles sugerencias que orienten el ejercicio del ministerio pontificio para hacerlo más fiel a las necesidades actuales de la evangelización. *Corresponsabilidad de los laicos: Búsqueda de una mayor pertenencia a la Iglesia, a fin de desclericalizarla su estructura para hacerla circular y menos piramidal. *Mujeres protagonistas: Aunque cierra la posibilidad al sacerdocio femenino, propone que tengan ‘un mayor espacio y una presencia más incisiva‘ en la Iglesia. *Acción misionera: Una Iglesia que deje de ser autorreferencial y deje de estar encerrada en la sacristía, para salir a las calles, a las periferias existenciales. *Opción por los pobres: Punto clave y enraizado en el ‘evangelio social‘ que propone desde el inicio de su pontificado. *Libertad y capacidad de denuncia: A fin de que la Iglesia pueda plantarse, sin condicionamientos, frente a los poderes del mundo, para rechazar la economía de la exclusión, la idolatría del dinero y las desigualdades que engendran violencia y pueden provocar ‘una explosión‘ social. *Atención a los signos de los tiempos: En dirección a una comunicación más eficaz y cercana con la gente, hasta en la prédica eclesiásticas, y sin descartar las nuevas tecnologías. *No cerrar las puertas a los sacramentos: Una sugerencia para que el bautismo, la reconciliación, la confirmación, la eucaristía, el matrimonio y la unción de los enfermos, sean para todos y ‘no sólo un premio para los perfectos‘. *Alegría: La palabra aparece 48 veces en la exhortación apostólica y conlleva un llamado a una nueva etapa evangelizadora sobre la base de ese estado de ánimo.