Si hace 40 años el Hombre dejó o no su huella en la Luna no quita que desde entonces, se ha alcanzado objetivos importantes como la construcción de una estación espacial habitada de forma permanente y la exploración profunda del sistema solar. Pero también cuenta con muchos tropiezos que dejan varias dudas.
Desde que el hombre pisó la Luna, la NASA pasó a encabezar la exploración espacial con la anuencia de la Unión Soviética, convertida en un aliado aun antes de concluir la Guerra Fría.
El desarrollo de la tecnología espacial se aceleró a pasos gigantescos y pronto comenzaron las misiones científicas a los planetas del sistema solar, a los asteroides y hasta los cometas que cruzan la galaxia.
Para los expertos el logro mayor ha sido la Estación Espacial Internacional (EEI), concebida en 1990 tras el colapso de la Unión Soviética y en la cual entrarían a formar parte después los países de la Agencia Espacial Europea (ESA), además de Canadá y Japón.
El proyecto, considerado la mayor empresa tecnológica internacional de la historia con un costo inicial de 100.000 millones de dólares, comenzó a tomar forma a finales de 1998 cuando se unieron sus dos primeras piezas en una órbita a casi 400 kilómetros de la Tierra.
Uno tras otro, las naves rusas Mir y Soyuz y la flotilla de transbordadores de EEUU siguieron agregando módulos al complejo, habitado de forma permanente desde noviembre de 2000.
Pero la exploración espacial ha sufrido tragedias y tropiezos desde sus primeros pasos.
El primer revés ocurrió el 27 de enero de 1967 cuando tres astronautas perecieron en un incendio desatado durante los ensayos de lo que debía ser la primera misión de las cápsulas Apolo.
El 28 de enero de 1986 siete tripulantes del transbordador Challenger murieron cuando la nave estalló 73 segundos después de su lanzamiento desde el Centro Espacial Kennedy, en la Florida.
El drama volvió a sacudir a la NASA el 1 de febrero de 2003 al desintegrarse el transbordador Columbia cuando regresaba de lo que había sido una exitosa misión científica.
En esa ocasión también murieron sus siete tripulantes y la investigación, que determinó que una de las alas de la nave había sido perforada por un trozo aislante en el despegue, alteró los planes de la NASA para sus transbordadores, que serán retirados de servicio a partir del próximo año.
A esas tragedia se suma el enorme costo de la exploración espacial que, según muchos legisladores y científicos, supera con creces los beneficios.
Las voces críticas señalan, como ejemplo, que está muy lejos el día en que se logre traer muestras del suelo para demostrar que alguna vez hubo vida en Marte, uno de los principales objetivos de los vehículos exploradores y orbitadores enviados a ese planeta.
Para este aniversario, la NASA encontró la oportunidad para lanzar una nueva consigna: "El primer paso en el regreso a la Luna", con una misión tripulada por humanos para 2020.
La agencia espacial estadounidense dará de baja a los trasbordadores espaciales y los reemplazará por naves reutilizables con características similares a los de las misiones Apolo para llegar a la Luna y a Marte, explica el científico Elliott Cramer, especialista en inspecciones en el espacio y encargado de analizar el siniestro del Trasbordador Columbia.
Durante una visita a Buenos Aires, donde participó de un seminario de Ensayos No Destructivos, Cramer afirmó que la NASA va a utilizar "vehículos con características similares a las del Apolo para ir a la estación espacial y luego más allá, a la Luna y a Marte".
La nave que se diseña está formada por un único cohete con el vehículo de la tripulación en la parte superior, tendrá capacidad de aterrizaje y será reutilizable tras algunas reparaciones.
"La idea propuesta ahora es lanzar la tripulación en un vehículo espacial y las provisiones necesarias en otro vehículo, para que lleguen al mismo tiempo a la Luna", contó Cramer.
Pero el astrónomo Marcos Machado, de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) opinó que "posiblemente haya algún atraso respecto al plan de regreso a la Luna en 2020" por los fondos.
Machado calculó: "La inversión anual que demandó el programa Apolo -de unos 8 mil millones de dólares- para la NASA equivaldría hoy a unos 40 mil millones de dólares al año, teniendo en cuenta la inflación y la devaluación de la moneda estadounidense".
