El sismo es el más fuerte desde el devastador terremoto que el 4 de febrero de 1976 causó la muerte de 25.000 personas y dejó pérdidas millonarias en el país centroamericano.
"Tenemos que lamentar el fallecimiento de 39 personas sólo en el departamento de San Marcos, en el Noreste del país en la frontera con México, pero podría haber más por el alto número de desaparecidos. Es una tragedia", dijo Pérez Molina a los periodistas.
Entre las víctimas se encuentran diez miembros de una misma familia de la comunidad de San Cristóbal Cucho, que murieron al quedar bajo los escombros de su vivienda derribada por el sismo. El resto de fallecidos eran habitantes de las comunidades de Palo Gordo, San Pedro Sacatepéquez, La Reforma y El Quetzal, todas del departamento de San Marcos.
El movimiento telúrico provocó la interrupción de los servicios de electricidad, agua potable y telecomunicaciones en las zonas del oeste del país, que seguían suspendidos. También causó sendos derrumbes en la carretera Interamericana lo cual impide el paso de vehículos hacia las áreas afectadas. Unas 30 viviendas se derrumbaron.
