El Papa Francisco reveló ayer que se había rendido a ‘ese ladrón en todos nosotros‘ y había quebrantado el séptimo mandamiento al robar una pequeña cruz del ataúd de un sacerdote para guardarlo como recuerdo de esa persona.
En una conversación con sacerdotes romanos, Francisco recordó que cuando él estaba en Buenos Aires asistió al funeral de un anciano cura al cual admiraba. El Papa notó que no había flores en el féretro, por lo que compró algunas y las colocó en el ataúd, donde el sacerdote muerto sostenía un rosario en su mano. ‘Mientras depositaba las flores, tomé la cruz‘, contó. agregó que desde entonces ha tenido esa cruz, como recuerdo del sacerdote y de la misericordia que éste mostraba hacia otros.
