La negociaciones secretas entre EEUU y Cuba para restablecer las relaciones diplomáticas -que comenzaron hace más de un año- tuvo un protagonista de peso: el papa Francisco que tendió su primer puente internacional en un conflicto enquistado en línea con otros esfuerzos que han caracterizado su todavía breve papado.

Aunque los intentos del papa argentino de contribuir a arreglar graves problemas internacionales no son novedad -ahí está la reunión entre palestinos e israelíes de la que fue anfitrión en los Jardines Vaticanos el pasado junio-, al papa se le resistía todavía un gran avance en sus cerca de dos años de pontificado.

Meses de discreta diplomacia vaticana -que como mandan los cánones en casos como este se sirvió de un tercer Estado, Canadá- han podido darle a Jorge Bergoglio un reconocimiento justo en el día en que el pontífice cumplía los 78 años.

Francisco envió dos cartas a las cancillerías de Washington y La Habana, en las que intercedía para la apertura del diálogo entre ambas naciones. Como respuesta a esas misivas, en octubre pasado tanto Obama como Raúl Castro enviaron una delegación diplomática de alta jerarquía al Vaticano, que se reunió con el Pontífice bajo absoluta confidencialidad.

La cumbre no trascendió los muros de San Pedro hasta ayer, cuando el acuerdo vio la luz pública.

La negociación cobró fuerza cuando Barack Obama visitó al papa Francisco en el Vaticano, en marzo último. Llegó así el empujoncito final.

Ayer, el papa se limitó a decir que ‘se complace vivamente‘ por ese anuncio del restablecimiento de las relaciones entre EEUU y Cuba, ‘con el fin de superar, por el interés de los respectivos ciudadanos, las dificultades que han marcado su historia‘, dijo su portavoz, Federico Lombardi.