El papa Francisco realizó ayer un viaje maratoniano a Pompeya y Nápoles, una región del sur de Italia en la que ha operado
la mafia local, para denunciar con firmeza que ‘la corrupción es sucia‘ y que ‘una sociedad corrupta apesta‘. En uno de los discursos más duros que se le recuerdan, Jorge Bergoglio pidió que ‘el mal no tenga la última palabra‘.
