El papa Francisco eligió ayer Albania, uno de los países más pobres de Europa y donde los creyentes sufrieron cruentas persecuciones durante el comunismo, para lanzar un mensaje de condena a todo terrorismo que se cometa en nombre de la fe y hacer un llamamiento a la tolerancia entre las religiones.
En varias alocuciones durante su breve estancia (apenas once horas) en Tirana, el Papa subrayó: ‘Que nadie piense que puede escudarse en Dios cuando proyecta y realiza actos de violencia y abusos‘ y recalcó que ‘matar en nombre de Dios es un gran sacrilegio y discriminar en nombre de Dios es inhumano‘.
Francisco eligió este pequeño país de tan sólo 2,8 millones de habitantes para su primer viaje europeo por dos motivos: la religión en Albania estuvo prohibida durante las décadas del comunismo, con persecuciones y asesinatos de los que profesaban su fe, pero al mismo tiempo es históricamente ejemplo del diálogo pacífico entre las comunidades religiosas.
Independientemente de la opresión que vivieron los religiosos, Albania nunca dejó de ser un país en el que las distintas comunidades religiosas siempre mantuvieron buenas relaciones entre sí, la mayoría musulmana (casi 60%) y la minoría cristiana (10 % católicos y 7 % ortodoxos).
Uno de los principales acentos de esta visita fue rendir homenaje a los mártires del comunismo, como recordaban las cuarenta fotografías de religiosos asesinados colgadas en el Bulevar de los Mártires de la Nación, que conduce a la Plaza de la Madre Teresa, donde se celebró una misa multitudinaria.
‘Pensando en aquellos decenios de atroces sufrimientos y de durísimas persecuciones contra católicos, ortodoxos y musulmanes, podemos decir que Albania ha sido una tierra de mártires: muchos obispos, sacerdotes, religiosos y fieles laicos pagaron con la vida su fidelidad‘, recordó Francisco en su homilía.

