Casi 4.000 marines estadounidenses y unas 650 fuerzas de seguridad afganas iniciaron ayer una "gran" ofensiva para arrebatar a los talibanes sus principales bastiones en Helmand, provincia sureña donde se cultivan dos tercios de la producción nacional de opio, capital fuente de financiación de la insurgencia. Se trata de la instrucción bélica más importante desde la llegada de Barack Obama a la presidencia de EEUU, cuya intervención militar en Afganistán dura ya casi ocho años.

La ‘Operación Khanjar’ (Golpe de Espada) busca garantizar la seguridad en la conflictiva Helmand de cara a los comicios presidenciales afganos, previstos para el 20 de agosto, según explicó en un comunicado el mando militar estadounidense."Lo que diferencia a la Operación Khanjar de otras anteriores es la gran cantidad de fuerzas incluidas y la velocidad" con la que se ejecutará, dijo el general de brigada Larry Nicholson.

Las tropas estadounidenses conquistarán estos bastiones y los mantendrán hasta que se pueden transferir "todas las responsabilidades de seguridad a las fuerzas afganas", detalló Nicholson.

De forma paralela, las tropas británicas, encuadradas en la OTAN, desarrollan una operación con su epicentro en Balbaji, un distrito situado al norte de la capital de Helmand, Lashkar Gah.

Expertos militares coinciden en que el alivio de la presión estadounidense -motivada en parte por el traslado de tropas de elite a la guerra de Irak, que se inició en 2003- fue un factor que ayudó a los talibanes a recuperar algunos de sus bastiones.