Una jornada de mucha tensión política y social, con protestas en la calles de Tegucigalpa, se vivió ayer en Honduras en vísperas del regreso del presidente depuesto, Manuel Zelaya, acompañado por un grupo de mandatarios de la región entre los que se encontraría Cristina Fernández. La presidenta argentina viajó el viernes a Washington para asistir a la reunión de la OEA y acompañar el regreso de Zelaya. Pero el arduo debate de la OEA para decidir la expulsión de Honduras de ese organismo americano, demoraba anoche la ratificación del viaje. Es que antes de que la OEA decidiera la expulsión en repudio al golpe militar, que con apoyo del Congreso y la Corte Suprema, instaló en el poder de facto a Roberto Micheletti, éste renunció a integrar el organismo.
El nuevo presidente, jefe del Senado y miembro del mismo partido de Zelaya, quiso restar así presión internacional a su incipiente gobierno que divide aguas en Honduras. Ayer, las marchas fueron, otra vez, la cara más visible de una crisis política en Centroamérica que pone en alerta al sistema democrático.
En medio de esta creciente incertidumbre, la máxima jerarquía de la Iglesia Católica hondureña respaldo ayer al golpe de Estado del pasado domingo y pidió al destituido Zelaya que "no vuelva al país". Por otro lado, miles marcharon hasta las inmediaciones del aeropuerto en un "acto simbólico".
El asesor del Comité Coordinador de Organizaciones Campesinas de Honduras, Rafael Alegría, uno de los promotores de las movilizaciones a favor de Zelaya que se repiten desde el domingo, indicó que el objetivo de la marcha fue "dar un mensaje a los golpistas" de que son muchos quienes apoyan al depuesto mandatario.
Alegría tildó la aproximación al aeropuerto de "acto simbólico" y aseguró que regresarán el domingo -hoy- con mucha más gente para recibir a Zelaya, derrocado el domingo anterior por los militares.
El presidente ratificó ayer que hoy regresará a Tegucigalpa junto a "varios presidentes" y pidió a sus seguidores que lo vayan a recibir sin armas y a quienes lo derrocaron les advirtió que "están rodeados".
Las nuevas autoridades hondureñas han advertido de que si el presidente depuesto regresa al país, será detenido inmediatamente, ya que está acusado de abuso de autoridad, violación de los deberes de los funcionarios y traición a la patria, entre otros delitos.
En Honduras, el cardenal Oscar Andrés Rodríguez apareció en horas de la mañana en las televisiones y emisoras de radio para dar su respaldo a las nuevas autoridades y asegurar que "los tres poderes del Estado, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, están en vigor legal y democrático de acuerdo a la Constitución de la República".
La Iglesia estimó que "las instituciones del Estado democrático hondureño están en vigencia" y hasta hizo una interpretación de la Constitución para determinar si Zelaya era presidente o no en el momento en que fue sacado violentamente por los militares del poder y del país.
La peor crisis en Centroamérica desde la invasión de EEUU a Panamá en 1989 estalló por la insistencia de Zelaya en realizar una consulta que abriera el camino a la reelección presidencial, pese a que fue declarada ilegal por un
juez y rechazada por la mayoría del Congreso.

