En la víspera de cumplirse un año de la estrepitosa quiebra del banco Lehman Brothers, el presidente de EE.UU., Barack Obama, alentó ayer a Wall Street a que del corazón financiero del país salgan los mayores esfuerzos para restaurar la confianza en los mercados, al tiempo que prometió que desde Washington se aportará un marco regulador más estricto.

Al dirigirse a una audiencia de financieros y legisladores en el Federal Hall, en el corazón del distrito financiero del país, subrayó también que este país "no volverá a los días de comportamientos temerarios y de excesos sin obstáculos que estuvieron en el corazón de esta crisis", al tiempo que anunció "fuertes medidas regulatorias".

Obama aseguró que las reformas que ya ha emprendido su Gobierno para evitar similares situaciones de colapso "se convertirán en ley", al tiempo que advirtió al mundo financiero que para lograr esa recuperación de la confianza que el sistema necesita, "no hay que esperar a que haya legislación" por parte del Congreso.

Tras la quiebra de Lehman Brothers el 15 de septiembre de 2008, el Congreso de EE.UU. aprobó un plan de rescate para el sector financiero que dotó con más de 750.000 millones de dólares.

En un mensaje claro y directo, el presidente de EE.UU. advirtió de que hay quien en el sector financiero está "malinterpretando" este momento de inicio de la recuperación y, "en lugar de haber aprendido las lecciones de Lehman y de la crisis de la que todavía nos estamos recuperando, han decidido ignorarlos".

El presidente estadounidense les recordó que "la realidad es que muchas de las firmas que están volviendo ahora a la prosperidad tienen una deuda con los estadounidenses", en referencia al multimillonario plan que el Gobierno de EE.UU. puso en marcha ahora hace un año para rescatar con dinero de las arcas públicas a las grandes firmas del caos.

Esa crisis ha hecho perder a EEUU una media de 700.000 empleos al mes desde inicios de año y ha elevado el déficit de este país a 3 billones de dólares.

No obstante, Obama envió un mensaje de relativo optimismo al indicar que "se está volviendo a la normalidad. Pero normalidad no significa complacencia".

Los problemas de Lehman Brothers eran conocidos: Se había endeudado tremendamente por la compra de activos cuya demanda se había hundido de forma súbita, en particular títulos hipotecarios estadounidenses. La caída del mercado inmobiliario significó su ruina.

Apuestas similares había realizado el banco de inversión Bear Stearns, al que el gobierno se vio obligado a sostener en marzo de 2008 con un préstamo de 29.000 millones de dólares que permitió su compra por JP Morgan Chase.