EEUU y Sudamérica comenzaron a cerrar heridas ayer, en una cumbre hemisférica que se encamina a dejar atrás una etapa de tensiones políticas y a consolidar un acercamiento entre Washington y La Habana.

En su primer contacto con la región, el presidente estadounidense, Barack Obama, tuvo gestos cordiales con los países más críticos de la Casa Blanca, que llevaron a Venezuela, líder de la izquierda más radical en Sudamérica, a asegurar que las golpeadas relaciones bilaterales mejorarán.

Obama, reiteró ayer su voluntad de una nueva colaboración con América Latina en una reunión en la que los gobernantes sudamericanos, en ellos, Cristina Fernández, que se lamentaron de políticas pasadas.

El encuentro, que se prolongó durante una hora y cuarto antes de las sesiones plenarias de la V Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, permitió un "intercambio franco de opiniones" en un clima "educado" y "sin tensiones", según dijo un alto funcionario estadounidense.

Tengo mucho que aprender y muchas ganas de escuchar", afirmó Obama.

Una de las grandes incógnitas de la reunión era cómo iba a desarrollarse el tono con Chávez, en el pasado el gran antagonista en la región de la política exterior de EEUU y que llegó a calificar al presidente anterior, George W. Bush, como "el diablo".

El tono fue aparentemente cordial. Obama y Chávez intercambiaron palmadas en la espalda y un apretón de manos cuando, después de una intervención del presidente estadounidense, el venezolano se levantó del extremo de la mesa donde se encontraba sentado y le regaló un libro, "Las Venas Abiertas de América Latina", del uruguayo Eduardo Galeano.

Según explicó posteriormente Chávez, el libro, una crítica contra la injerencia europea y de EEUU en la región, tenía inscrita la dedicatoria "Para Obama, con afecto".

Durante la reunión, los presidentes de Unasur volvieron a reiterar a Obama la necesidad de levantar el embargo a Cuba, un pedido unánime que fue el caballito de batalla de la Cumbre. Ayer la Casa Blanca tiró la pelota del lado de Cuba a afirmar que ahora "la mejora de los lazos depende de La Habana".

"Que en la Cumbre de las Américas, el presidente de los EEUU diga que va a iniciar una nueva etapa en la relación con Cuba, por sí solo justifica esta cumbre", dijo la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, resumiendo el estado de ánimo generalizado.

En diálogo con los medios de prensa argentinos que cubrían las alternativas de la Cumbre, Cristina definió la reunión que mantuvieron los presidentes de Unasur con Barack Obama, como "una muy buena reunión, inédita".

"Me acuerdo -dijo Cristina- de la Cumbre de Monterrey, cuando acompañé al entonces presidente Kirchner y cuando Kirchner habló en el plenario sobre la posibilidad de implementación de un Plan Marshall, el entonces presidente Bush, se sacó los auriculares y los tiró sobre el escritorio".

La presidenta sostuvo que "hay que escuchar al otro aunque no estés de acuerdo y hoy fue totalmente diferente. Una reunión muy cálida donde él escuchaba y contestaba puntualmente, habló con mucha calidez pero también con mucha sinceridad".

Una señal del acercamiento de la región con Washington fue la designación, por parte de Hugo Chávez, de Roy Chaderton como embajador de Venezuela en EEUU, cargo que estaba vacante.