Oscar Niemeyer, un enorme patriarca de la arquitectura moderna que diseñó los principales edificios de la futurista capital brasileña y dejó un legado mundial de diseño, murió anoche en Río de Janeiro diez días antes de cumplir 105 años.

Niemeyer dejó su marca en todo el mundo con estructuras curvas distintivas del estilo de la era espacial. Sus obras destacadas de vidrio y concreto blanco incluyen el edificio del secretariado de Naciones Unidas en Nueva York, la sede del Partido Comunista en París y la catedral católica de Brasilia.

El célebre arquitecto, quien permanecía ingresado desde el pasado 2 de noviembre en el Hospital Samaritano Muriño a las 20.55 de Argentina.

Creador de los principales edificios públicos de Brasilia, Niemeyer fue ingresado en el hospital debido a dificultades para alimentarse e ingerir líquidos, pero su estado se agravó paulatinamente con dos hemorragias digestivas y una insuficiencia renal que forzó a someterlo a hemodiálisis.

El arquitecto, discípulo privilegiado del suizo Le Corbusier, perdió este mismo año a su única hija, Ana María, quien falleció a los 82 años en el mismo hospital.

Oscar Ribeiro de Almeida Niemeyer Soares Filho nació en Río de Janeiro el 15 de diciembre de 1907, en el barrio de Laranjeiras, en una calle que después recibiría el nombre de su abuelo, Ribeiro de Almeida. Concluyó la escuela secundaria a los 21 años y se casó, ese mismo año, con Annita Baldo, hija de inmigrantes italianos. Y comenzó a trabajar en el taller de tipografía de su padre, mientras estudiaba en la Escuela de Bellas Artes, donde se graduó como ingeniero arquitecto en 1934. Entre sus trabajos, sobresale Brasilia (capital de Brasil), fundada en 1960, declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1987, y que le llevó cuatro años de construcción. Además diseñó museos y obras monumentales en Francia, Italia, España, Argelia y otros países. En Argentina, en la ciudad de Rosario sigue pendiente de realización una obra monumental denominada ’ El Puerto de la Música’.

Bajo las órdenes del alcalde de Belo Horizonte, Juscelino Kubitschek, en 1940 proyectó una iglesia y un casino a orillas del Lago de Pampulha. Lo innovador de las líneas de su primer ’gran’ obra, construida en homenaje a San Francisco, lo lanzó a la fama. (EFE, Télam, Reuters)