�En el primer tramo de su visita a México, donde estará hasta el próximo miércoles, el papa Francisco instó ayer a la Iglesia Católica y a las autoridades mexicanas a atender los problemas que enfrenta México como el narcotráfico.
En su primera jornada oficial, tras la llegada el viernes por la noche a México procedente de Cuba, Francisco pronunció un inesperado discurso al clero mexicano reunido en la catedral de Ciudad de México: largo, fuerte y lleno de contenidos y llamadas de atención.
En un texto, que en algunos momentos tuvo tonos de reprimenda a los obispos y religiosos mexicanos, les pidió que ‘no minusvaloren el desafío‘ que el narcotráfico representa para la ‘sociedad mexicana‘, incluida la Iglesia.
Con una fuerte metáfora, Francisco aseguró que el narcotráfico, por su proporción y por su extensión en el país, ‘es como una metástasis que devora‘.
Cerca del mediodía, el pontífice les pidió a los obispos del país reunidos en la catedral ‘coraje profético y un serio y cualificado proyecto pastoral‘ para contribuir a crear una ‘delicada red humana, sin la cual todos seríamos desde el inicio derrotados por tal insidiosa amenaza‘.
Tras una ceremonia formal en la sede del Palacio Nacional, el Papa dialogó en privado durante la mañana de ayer con el presidente Enrique Peña Nieto y luego dirigió su primer discurso en suelo azteca. Francisco dio gracias a Dios por poder visitar a este país considerado uno de los más católicos del mundo.
El papa denunció que la búsqueda de los privilegios conduce a la corrupción, el narcotráfico y la violencia, en su primer discurso en ese país ante el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, y demás autoridades. En el Palacio Nacional, al que por primera vez visita un pontífice y se le recibe con los honores de jefe de Estado, Francisco indicó que ‘para construir un futuro esperanzador‘ de México, se necesitan ‘hombres y mujeres justos, honestos, capaces de empeñarse en el bien común‘.
El pontífice se trasladó luego en el papamóvil hacia la catedral primada, donde mantuvo un encuentro con los obispos locales y en cuyo trayecto pidió detener el vehículo para acercarse a un grupo de fieles, entre ellos a una anciana a la que abrazó y a personas con discapacidad, a quienes impartió la bendición.
A las 8,40 hora local (11,40 de Argentina), el papa había salido de la Nunciatura Apostólica y bendijo a cientos de fieles que desde temprana hora se congregaron en el lugar para saludar al pontífice antes de su salida rumbo a Palacio Nacional. El jefe de la Iglesia católica apareció en el papamóvil mientras sonaban ‘Las Mañanitas‘, pero al ver la multitud emocionada descendió del vehículo para saludar y bendecir a los fieles.
Multitudinaria:
El papa Francisco recordó ayer por la tarde a ‘los excluidos‘, a ‘los descartados‘ y a las personas que han visto perder un familiar por la violencia criminal, durante la multitudinaria homilía pronunciada en la misa celebrada en la basílica de la Virgen de Guadalupe en Ciudad de México.
La narración de las apariciones de la Virgen al indígena San Juan Diego, origen del culto a la virgen de Guadalupe, sirvieron al papa para hablar de aquellos ‘que no valían nada‘.
‘En aquel amanecer de diciembre de 1531 se producía el primer milagro que luego será la memoria viva de todo lo que este Santuario custodia. En ese amanecer, en ese encuentro, Dios despertó la esperanza de su hijo Juan (Diego), la esperanza de su Pueblo‘, añadió en su sermón.
Una esperanza, añadió el pontífice, ‘que sigue dando esperanza de los pequeños, de los sufrientes, de los desplazados y descartados‘. Entre ellos, Francisco citó ‘el corazón sufriente pero resistente de tantas madres, padres, abuelos que han visto partir, perder o incluso arrebatarles criminalmente a sus hijos‘.
‘Todos somos necesarios, especialmente aquellos que normalmente no cuentan por no estar a la altura de las circunstancias o no aportar el capital necesario para la construcción de las mismas. Y entre estos, ‘especialmente los jóvenes sin futuro expuestos a un sinfín de situaciones dolorosas, riesgosas, y la de los ancianos olvidados en tantos rincones‘.
Ante ‘las tantas las situaciones que nos quitan la fuerza‘, Francisco pidió mirar a la virgen y rezó una oración especial creada sólo para ella en esta ocasión. Para Francisco cuando la Virgen nos dice ‘que tiene el honor de ser nuestra madre. Eso nos da la certeza de que las lágrimas de los que sufren no son estériles‘. Las lágrimas, dijo, ‘son una oración silenciosa que sube hasta el cielo y que en María encuentra siempre lugar en su manto‘. Francisco llegó ayer a la basílica de Guadalupe, la patrona de México y de toda América, para celebrar una misa a la que asistieron cerca 30.000 personas en el exterior del templo y otras 5.000 en su interior.

